3 de agosto 2015 - 00:14

Secuestradores "casuales", a la espera de juicio

La banda empezó con los secuestros de un día para el otro. Históricamente se dedicaban al robo de autos o a las entraderas.

En uno de los asaltos, lo que empezaba como un robo común devino en secuestro extorsivo. Entonces, le tomaron el gustito y empezó una seguidilla interminable. Su radio de acción eran por lo general, la zona sur del GBA.

Iván, Abelito y Cristian, eran conocidos en Isidro Casanova. No pararon de secuestrar gente en Lomas de Zamora y Lanús.

Por ejemplo, el 19 de julio, la víctima fue el hijo de un contador público. Por su vida exigieron u$s 50 mil de rescate. Finalmente acordaron un pago de u$s 10.320 y $ 9 mil. A la víctima la soltaron en Camino de Cintura.

El 28 de junio secuestraron de a dos. El tema fue así. Había dos personas en una camioneta Stepway charlando sobre la calle Guido de Temperley. A las víctimas se las llevaron secuestradas y exigieron u$s 30 mil de rescate. Finalmente se pagaron $ 21 mil, u$s 1.100 y 1.100 euros. Pago de rescate y liberación de víctimas se hicieron en la zona de Puente La Noria.

El 22 de julio, la víctima fue un médico. Lo secuestraron cuando salía de un gimnasio en Remedios de Escalada. Exigieron u$s 30 mil de rescate. La familia pagó u$s 7 mil y $ 40 mil, en Banfield. al secuestrado lo dejaron en la General Paz.

Dos días después, atacaron a un empresario gastronómico cuando llegaba a su casa. La secuestrada fue su mujer. El empresario pagó u$s 5 mil y $ 10 mil por la liberación.

Estaban cebados, la banda no paraba, casi cometía un secuestro día por medio.

Por ejemplo, el 7 de junio ya habían secuestrado a un comerciante en Alvear y Larroque de Lomas de Zamora. Su padre médico pagó un rescate de u$s 20 mil, $ 53 mil y tres relojes de colección. El 1 de julio, la víctima fue una mujer y el lugar Remedios de Escalada. Por su liberación se pagaron $ 12 mil y mil dólares.

Hasta acá una historia de delincuentes capaces de todo. Pero el final les iba a llegar. La investigación por la seguidilla de secuestros recayó en la DDI de Lomas de Zamora y el fiscal Leonel Gómez Barbela.

La clave para identificarlos fue que uno de los captores usó el celular robado a una de las víctimas para llamar a un cómplice. Así, la Policía empezó a seguirlos y se ordenaron escuchas telefónicas.

A esa altura, los delincuentes ya habían recaudado más de medio millón de pesos como parte de lo cobrado en cada uno de sus secuestros. Las escuchas telefónicas marcan la naturalidad con la que salían a secuestrar. Antes de dar cada golpe se referían a "jugar un picado de fútbol", como contraseña para señalar que estaban por salir a secuestrar.

En los allanamientos que se hicieron para detenerlos se secuestraron armas de distintos calibres y hasta pelucas que usaban para disfrazarse en cada uno de los secuestros.

Eran temibles. Empezaron de forma improvisada. Se convirtieron en una verdadera organización criminal. Ya están en "cana", lo que no es poco. Ahora, los espera un juicio. Esperemos, una condena severa.

Dejá tu comentario