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Secuestro exprés y robo al hijo de un dueño de una joyería
Fuentes policiales confirmaron que si bien hubo intervención de una fiscalía federal y de la División Antisecuestros de la Policía Federal, el caso se inició como un asalto «al voleo», continuó con el robo en la joyería Homero y siguió con llamados extorsivos, aunque no llegó a transformarse en un secuestro clásico.
Sin embargo, los asaltantes lograron un botín de 1.000 euros y $ 700 en efectivo y algunas joyas. El hecho se inició alrededor de las 22 del miércoles, cuando la víctima, Juan Ignacio Pereyra, de 32 años, y su novia fueron abordados en la zona de Caballito cuando circulaban en un automóvil Audi A3.
Las víctimas contaron a la Policía que el lugar de la captura fue cerca de la calle José Bonifacio al 1400, donde dos delincuentes armados los interceptaron y se subieron al auto.
Las fuentes indicaron que los asaltantes querían dinero y los amenazaron de muerte. Ante este pedido, Pereyra les dijo que podía conseguirlo en la joyería de su padre. Así fue que la víctima, sin decirle que estaba secuestrado por delincuentes, se comunicó con su hermana para pedirle la llave de la joyería.
«La hermana lo notó nervioso y sospechó porque el joven no le dijo claramente el motivo por el que necesitaba ir a la joyería a esa hora de la noche», explicó un comisario que trabajó en el caso.
El cuñado de Pereyra, a pedido de su mujer, llamó a la Policía, pero como residen en el barrio de Belgrano, comenzó a intervenir en la causa la Comisaría 33ª, de esa jurisdicción.
Pereyra finalmente consiguió que una empleada de la joyería le entregara la llave del local y así se dirigió junto a su novia y con los delincuentes rumbo a Homero, en Rodríguez Peña y Posadas, de Recoleta.
«Aún no sabemos bien si por los nervios o a propósito, el joven activó la alarma cuando ingresaron a unas oficinas administrativas de la joyería, y por ese motivo los delincuentes tuvieron que abortar el robo y escapar rápidamente.
Los voceros explicaron que de todas formas, los asaltantes pudieron apoderarse de algunas joyas, aunque nada de mucho valor. «Manotearon una bolsa repleta de relojes para reparar, que en comparación con lo que pudieron llevarse no es nada», explicó uno de los investigadores.

