31 de julio 2009 - 00:00

Secundarios: ‘‘Hay teóricos que hace más de 30 años que no dan clase’’

Alberto Sileoni
Alberto Sileoni
Alberto Sileoni, flamante ministro, pero veterano funcionario en la administración educativa señala como prioridad de su gestión recomponer la enseñanza media. Alarmado por la elevada deserción, Sileoni quiere «terminar con la rigidez del secundario» y propone un sistema más flexible en el cual se pueda avanzar por materias y no por ciclos anuales. Expertos del área coinciden en que el secundario está en crisis pero creen que lo prioritario es reordenar el ambiente educativo para un normal desarrollo de la tarea docente.

Es el caso del ex rector del Colegio Nacional Buenos Aires, Horacio Sanguinetti, quien dijo a este diario que «la flexibilidad no debe ser de ninguna manera un avance hacia el facilismo, es decir, esta penosa condición de los últimos años por los cuales los chicos no tienen nunca clase o esa idea de que el niño en la escuela debe divertirse». A la escuela media, agrega, «hay que dotarla de las condiciones necesarias para el trabajo, no se puede enseñar en una pocilga y no se puede condenar al docente a estar desarmado ante las contingencias que pueden presentarse en el aula». Según él, «hay mucha gente que tiene planteos teóricos muy interesantes, pero hace treinta años que no da clase y menos en un secundario de los difíciles, donde ha habido agresiones realmente salvajes a los maestros, que luego no tienen sanción».

Ante la consulta de este diario, Vilma Saldumbide, rectora del ILSE (Instituto Libre de Segunda Enseñanza) y titular de Didáctica nivel medio en la UBA, dice que «habría que ver qué se entiende por un sistema más flexible, pero antes hay mucho que arreglar, sobre todo lo que es vincular en la escuela: la violencia, la conducta, la convivencia; no se puede trabajar en un ambiente desorganizado». Para ella, la prioridad «es armar nuevos contextos institucionales, nuevos climas, al chico hay que ponerlo en el lugar del que no sabe, para algo estamos los adultos, el chico sabe después y puede llegar a elegir y a tener sistemas optativos una vez que adquiera competencias propias para decidir qué le interesa más esto que lo otro». «Si no, vamos a un laissez faire caótico», advierte.

Sanguinetti se indigna con las teorías pedagógicas que niegan la jerarquía maestro-alumno: «Es gravísima la negación del maestro. Es fatal. Quien dice que no se puede 'enseñar' sino solamente 'aprender' no ha tenido un maestro en su vida, maestro es el que le ilumina a uno el camino, la relación maestro discípulo es sagrada, y negarla, decir que el maestro apenas es un auxiliar para que el chico por sí solo descubra el mundo, ha hecho un daño tremendo».

Prevención

Saldumbide ve con prevención las novedades anunciadas: «Esto de pensar en volver a cambiar, que haya materias optativas, que no las haya, es seguir queriendo decir 'nosotros venimos y traemos el cambio', cuando lo que hay que hacer es trabajar a fondo para que se establezca un buen vínculo docente, que el maestro tenga recursos, estrategias. Hoy hay tantos fenómenos que atraviesan a la escuela media: las problemáticas sociales, nutricionales, adicciones, sexualidad, que si en este contexto además el docente tiene que desarrollar una currícula que cambia a cada rato y con recursos escasos, la tarea es muy difícil».

Sanguinetti y Saldumbide
coinciden en que otra falencia del secundario es la formación docente: «Es perentorio perfeccionarla, dice el primero, porque desde que se suprimieron las escuelas normales, que eran instituciones míticas, hemos ido de mal en peor».

Para Saldumbide, «por más que etiquetemos -'la formación docente hoy es terciaria y antes no'-, eso no necesariamente mejoró la calidad, las vocaciones docentes se han debilitado porque se ha yuxtapuesto lo que alguna vez fue un apostolado, con un rol más laboral, por necesidades económicas. Sin pensar que el docente en otras épocas era una voz muy escuchada. Hoy hay una distorsión muy grande en el rol docente, también cambiaron los vínculos parentales, y no necesariamente para bien, porque no están ayudando a que se produzca un hecho educativo mejor». También Sanguinetti destaca «una crisis de la familia, que ha perdido en muchos casos la solidaridad con la escuela».

El ex rector del Buenos Aires propone que el Ministerio de Educación nacional adopte «una política de Estado» y tome «nuevamente poder en materia educativa, porque desde que se transfirieron los colegios a las provincias, el ministerio tiene muy poca actividad concreta».

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