Efectivamente, el ex general Videla cenó en aquel tiempo con Balbín en la casa de Lomas de Zamora de un amigo común, el dirigente unionista Alberto Garona, y ese diálogo transcurrió, según testigos, de la manera como lo recuerda Videla. Que un convicto por delitos de lesa humanidad revele los dichos de un muerto que no puede responder le pone morbo al cuento y, de alguna manera, descalifica a quien tiene memoria a destiempo y como último recurso justo cuando tiene que defenderse.
Los militares y otros acusados de atrocidades han mantenido un mutismo que los ha hecho víctimas del reproche de que actuaron bajo códigos de silencio mafioso. No han contado mucho más los jefes insurgentes, que cometieron atrocidades que no les han costado enjuiciamiento porque no actuaron desde el Estado. Esa omertá que se quebró con el cuento de ayer de Videla la tienen que continuar otros habitantes del túnel del tiempo.
Aquí lo que dijo Videla, quien hoy escuchará sentencia junto a otros ex militares en Córdoba:
El presidente de la UCR, Ernesto Sanz, respondió que «no puede manchar la honorabilidad de Balbín, no tiene límites. Don Ricardo hacía un grito desesperado a todas las fuerzas políticas, pero con especial atención al propio peronismo, para que dejaran de lado las peleas internas para sostener un Gobierno democrático que estaba a ocho meses de un proceso eleccionario. La historia -agregó- marca que el respaldo de Ricardo Balbín a la entonces presidenta Isabel Perón fue quizás el único que le quedó después de las peleas que había dentro del peronismo. Hasta el último minuto estuvo dispuesto a dar una mano».


Dejá tu comentario