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Señal de paz de la Corte: activa nueva Casación
• MINISTROS FIRMAN CONTRATOS EN INSTANCIA CREADA POR EL EJECUTIVO.
• AHORA ESPERAN DISCURSO DEL 1-M.
Ricardo Lorenzetti
La de la Casación Penal es una contienda de largo aliento ya desde el hecho de que sus diez camaristas tardaron casi un año en entrar en funciones luego que sus nombres fueron publicados en el Boletín Oficial. Esa demora se atribuyó, en los conciliábulos internos, a la pertenencia a la corriente Justicia Legítima que exhiben algunos de los camaristas de esta instancia, entre ellos la presidenta, María Laura Garrigós de Rébori. De hecho, la gestión ante la Corte corrió por cuenta del vicepresidente de la Cámara, el juez Horacio Díaz, de perfil moderado.
Pero las internas no dan respiro, rasgo que quedó en evidencia en la reciente celebración por el cumpleaños del juez de la Casación federal Luis María Cabral, tertulia que dio lugar a múltiples intercambios entre los presentes en los cuales se recordó el hecho de que si bien Garrigós de Rébori se pronuncia continuamente a favor de la democratización judicial, el secretario general de la Cámara fue convocado y luego se nombró sin que mediara concurso alguno. Ernesto Kreplak dejó su cargo en el Ministerio de Justicia para asumir funciones en la nueva estructura.
Ese movimiento fue estratégico para el oficialismo, que avanza en la idea de que la Casación ordinaria es la primera terminal de la implementación del modelo acusatorio, reforma que junto a los cambios en la SIDE quedó sobrepasada por las tribulaciones del caso Nisman.
La implementación de ambas reformas son cuestiones a tener en vista de cara a la apertura de la Asamblea Legislativa del próximo domingo. En el momento actual, en el cual desde el Gobierno se les da a los jueces entidad partidaria, no debieran perderse de vista aquellos vehículos con los cuales el oficialismo podría esmerilar a sus rivales más frontales.
Por estas horas esa embestida se habría relajado levemente en cuanto al titular de la Corte. La buena predisposición para habilitar la Casación ordinaria y su ausencia en todo aspecto de la movilización de la semana pasada influyeron en ese sentido. El oficialismo lo observa además casi como en un rol de contención en lo que respecta a la jueza Sandra Arroyo Salgado (con quien se reunió ya en dos ocasiones), que si bien se muestra moderada en público, algunas de las percepciones que expresa en reserva se ubican en el extremo, especialmente cuando brinda detalles para argumentar por qué no cree en el suicidio de su exesposo.
En paralelo, desde Balcarce 50 se monitorea el estatus de la nominación de Roberto Carlés a la Corte Suprema. Hace quince días los mensajes desde el Senado eran por demás pesimistas, al punto de que se escucharan recomendaciones en el sentido de que lo más conveniente sería ni siquiera someter el pliego a la Cámara alta, tras la serie de impugnaciones recibidas (llama la atención el silencio de la academia, estrato en el cual Carlés se referencia).
El candidato insiste en su nominación bajo la premisa de que ésta viene apalancada desde Santa Marta. En esos intercambios la referencia más recurrente es un encuentro sigiloso que se habría concretado días atrás entre un emisario del papa Bergoglio y la senadora peronista Liliana Negre de Alonso.
Imposible para Carlés no referenciarse en el esquema de poder que Bergoglio había construido en la Legislatura cuando era cardenal y sabía que tenía atados una decena de votos que lo escuchaban por encima de los requerimientos partidarios.
La moderación de Lorenzetti se pondrá a prueba el próximo martes, cuando inaugure el año judicial con un discurso que promete una buena cuota de emociones. Prueba de ello es el pedido en las últimas horas del periodista-asesor Horacio Verbitsky, que ha solicitado un asiento de primera fila para escuchar al titular de la Corte. Hasta anoche esa gestión estaba pendiente de confirmación.


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