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“Séraphine”: logrado retrato de una pintora casi secreta
Yolande Moreau como Séraphine Louis: el film es el caso real de una mujer sencilla que pintaba por la noche.
Cada tanto el cine francés nos regala películas como ésta, sencillas historias de gente simple, que deja apenas su pequeña marca en la tierra, pero llega a tocarnos alguna fibra cuando sabemos de su existencia. Hace poco menos de un siglo, Séraphine Louis era para muchos apenas una mujer tosca y respetuosa, que se ganaba la vida como fregona de casas ajenas, una de esas todo terreno que por pocas monedas recogían la ropa sucia de las casas para lavarla en el río y entregarla limpita. Había que andar mucho, para eso, cargar muchos bultos, y doblar la cintura todo el día. Pero de noche, Séraphine pintaba.
Con variados elementos fabricaba sus propios colores, y llenaba pequeñas tablas con rudimentarias figuras de hojas y plantas. La naturaleza era algo calmo, afable, para ella. Un día, su ocasional patrón se mostró interesado en esos trabajos. Le habló de talento natural, de exposiciones y ventas. Ella pensó que le estaba tomando el pelo. Cuando la cosa tomó visos de seriedad, él debió irse de apuro. Era alemán, y corría 1914. Volvió 13 años más tarde. La reencontró, le dio una pensión mensual, la alentó a pintar lienzos de dos metros. Quiso hacerla una artista profesional. Sin querer, le confundió la cabeza, que ya venía medio confundida con sentimientos y esperanzas angelicales.
Esta no es la historia de un éxito en el sentido habitual. Más bien habla de cualidades ocultas, comprensión entre gente distinta, el placer de celebrar sosegadamente la belleza que nos rodea, y las limitaciones de la mente humana, incluso la mente que ha tenido mejores posibilidades de desarrollo en varios sentidos.
Habla también de la relación entre el artista y su marchant, entre la persona ingenua y la ya curtida por los gajes del oficio, entre la ilusión de los débiles y las limitaciones de los menos débiles. Seraphine Louis existió realmente. Incluso participó, quizá sin saberlo, en la famosa muestra de los Pintores del Sagrado Corazón, unos «primitivos modernos», allá por 1929. Su protector también existió, se llamaba Wilhelm Uhde, impulsor de Rousseau, Braque, Picasso, Helmut Kolle y otros que ayudó a consagrar, pero antes debió ayudarles a comer.
Judío de origen, pasó parte de la II Guerra escondido bajo protección de Jean Cassau, un crítico agradecido. Ulrich Tukur lo interpreta en el film, protagonizado por Yolande Moreau, entre nosotros conocida como la portera de «Amelie» y la loca de «Louise-Michel». Ella misma canta el «Veni Creator Spiritus» que se escucha en alguna parte de su «Seraphine». Realizador, Martin Prevost, a quien algunos reprocharán academicismo. Vale la pena.
P.S.


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