20 de junio 2013 - 00:00

Serio: la educación "rinde" cada vez menos en salarios

Serio: la educación rinde cada vez menos en salarios
La educación es sin duda el mejor instrumento para ampliar la libertad individual en cualquier sociedad. A pesar de ello, en forma consciente o no, en la Argentina hemos deteriorado en los últimos años los incentivos a invertir en educación. Responsable de ello ha sido tanto la política laboral como la educativa, a través de una menor calidad de la educación en escuelas públicas y privadas, y la pronunciada caída de los diferenciales salariales entre niveles educativos. Es decir que en paralelo con el deterioro del ambiente de inversión privada en general estamos en presencia de un elocuente deterioro del ambiente educativo.

La cuestión central es probablemente la pérdida de calidad. Los resultados de los exámenes internacionales (PISA, entre otros) revelan que el país está entre los de peor performance de América Latina en la última década, ya que partiendo de un bajo rendimiento a fines de los '90 no hubo mejora apreciable a pesar de aumentar los recursos asignados al sistema. De mantenerse la tendencia actual -una mezcla de calidad declinante con salarios elevados-la demanda de técnicos y profesionales se moverá hacia otras tierras, y los argentinos, sobre todo los provenientes de escuelas públicas, tendrán cada vez menos oportunidades.

La pérdida de calidad se refleja a la larga en menores ingresos. Pero aún cuando se sumen años de educación, otros factores hacen que el esfuerzo no siempre se vea recompensado. Utilizando los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (INDEC) se comprueba que en los últimos ocho años cayó fuertemente el premio salarial por nivel educativo. A modo de ejemplo la relación de ingresos entre el último nivel (universitario completo) y el básico (primario completo) pasó de 2.45 en 2005 (2.69 a mediados de los '90) a 1.97 en 2012.

Es posible reflejar esa pérdida en forma más precisa computando ecuaciones de Mincer que relacionan el ingreso por hora con la educación, la experiencia y otras variables de control. La tasa media de retorno a la educación (es decir, el ingreso medio adicional que se obtiene por un año más de escolaridad) cayó entre 2 y 2.5 puntos porcentuales en la última década, particularmente entre la población ocupada de más de 25 años. Para varones de 25 a 49 años la tasa promedio (en distintas especificaciones funcionales) se ubicaba entre el 8 y el 9% hacia 2005, cayendo a niveles del 5.5% en 2012. Para mujeres en el mismo tramo de edad la tasa se ubicaba entre el 7.5 y el 9%, habiendo caído al entorno del 6% en 2012. La caída es de magnitud similar en la población de más de 50 años y algo menor para los menores de 25 años .

¿Qué factores explican la caída de las tasas de retorno, consistente con la caída del premio salarial entre niveles de educación? Seguramente hay muchos factores. Por una parte tenemos que considerar que medimos ingresos netos afectados por el aumento en la tasa implícita del Impuesto a las Ganancias por la no actualización de las escalas y del mínimo no imponible -en relación con los ajustes salariales y la inflación-. La política tributaria se hizo más progresiva y con ello redujo diferenciales entre ingresos laborales netos. No hay comida gratis: bajar la desigualdad salarial mejoró la distribución pero redujo el premio a educarse. En el mismo sentido las políticas salariales genera-lizadas desde 2003 -vía convenios colectivos y salarios mínimos-derivaron en un achatamiento de la pirámide salarial que resultó más evidente entre el personal convencionado (es decir, cuyos salarios ajustan por convenios colectivos) y el no convencionado. Y finalmente el deterioro de la calidad de la educación hizo que para quien contrata un nuevo trabajador, un año adicional de escolaridad no siempre sea interpretado como una señal de mayor productividad. Quizás haya que empezar a distinguir entre "cosechas de graduados": un graduado con secundaria completa "cosecha 1990" podría tener un contenido relativo de educación bastante mayor que el que tiene un graduado de secundaria completa "cosecha 2010". Quizás el mercado esté comenzando a ponderar otros factores, amén de los años de escolaridad.

El empleo público. El fuerte crecimiento del empleo público le puso un piso a la caída de las tasas de retorno educativo, ya que la escolaridad media es más alta en el sector público y también los salarios -particularmente si se controla por horas trabajadas-. Se verifica la paradoja de que el sector que más empleo calificado absorbe es el de menor productividad -el sector público- por lo que este desplazamiento de empleo calificado es altamente ineficiente. Obsérvese que para una mujer de 25 a 49 años de características dadas (educación, experiencia, etc.) estar en el sector público le representa una mejora del salario medio horario del 23%. Si bien el retorno de un año adicional de educación es del 5,5% anual, la alternativa de educarse (y recibir ese beneficio pero distribuido a lo largo del tiempo) o tener una mejora inmediata incorporándose al sector público tiene una respuesta obvia -en contra de la educación-.

¿Cómo reaccionan los agentes económicos frente a esta situación? Por el lado de los individuos se observa un freno al crecimiento de la escolaridad en las cohortes más jóvenes. La cantidad de años de escolaridad entre los varones de 18 a 24 años se estancó en toda la década en torno de 10,7 años (algo menos que secundaria completa): no hay cambios desde 2003 a la fecha, y quizá los planes masivos de empleo hayan aportado su grano de arena. Sólo hay un leve aumento de 12 a 12,3 años de escolaridad entre las mujeres en el mismo tramo de edad. Estos datos de virtual estancamiento anticipan que en el futuro deberíamos esperar una baja de la escolaridad media en la población de más de 25 años (con mayor escolaridad). Por el lado de las empresas, una economía estancada de baja productividad, junto con el deterioro de la calidad educativa y la pérdida de control sobre los salarios afectará negativamente la demanda de empleo calificado y, por lo tanto, pondrá un techo a las tasas de retorno a la educación.

La recomendación que surge del análisis es la de preocuparse por la calidad del producto educativo y al mismo tiempo quitar trabas y regulaciones sobre los mercados de factores y productos. Es necesario que los jóvenes perciban que existen fuertes incentivos para educarse, y que las empresas tengan la libertad de premiar las diferencias. De otra forma vamos hacia una sociedad con menor educación -en un sentido amplio, en calidad y cantidad- en la que finalmente todos serán iguales en la mediocridad y en sus ingresos, consistente con el modelo vigente de universalización.

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