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Si grupos lo piden, puede haber cambios
En privado se reconoció ayer que Miguel Pichetto puede tener problemas para apurar la sanción de la ley, sobre todo una vez que Cristina de Kirchner regrese a Buenos Aires y Julio Cobos retome la presidencia del Senado. De ahí que durante todo el día se bromeara con José Pampuro: «Pepe es hoy el límite institucional del país», un cargo que el presidente provisional se tomó en serio.
La Presidente le bajó línea desde Nueva York a Pampuro para que se respetara el máximo de dos comisiones para debatir la ley en el Senado: «Son las dos comisiones que corresponden. Yo lo sé bien porque cuando hicimos la reforma para acotar la cantidad de comisiones del Senado dejamos muy claro cuáles son las competencias. Por eso se fusionaron Comunicaciones y Libertad de Expresión para que quedaran allí todas las competencias del tema. Y siempre se debe incorporar Presupuesto y Hacienda cuando se debate alguna cuestión relativa a fondos. Basta con mirar en la página del Senado el giro que tiene cada comisión para ver que no debe enviarse a ninguna otra», dijo Cristina de Kirchner en el lobby de su hotel en una clara orden a distancia a Pampuro.
Este diario le recordó que en el proyecto de medios se creaba un nuevo impuesto a pagar por los medios audiovisuales en reemplazo del canon que hoy pagan al COMFER, algo que ni la oposición debatió.
Objetivo máximo
En el kirchnerismo la apuesta máxima sigue siendo contagiar a los senadores radicales de las ganas de aprobar la ley. Alegan que como los socialistas, muchos radicales están de acuerdo con la ley: «En la sesión en Diputados, la UCR se retiró del recinto porque tenía miedo de que se le escaparan algunos votos», alardeaba ayer el santafesino Agustín Rossi en el hotel Four Seasons. En ese punto siguen festejando el daño que los socialistas le hicieron a la oposición al cambiar el voto por el positivo.
De todas formas, la estrategia ahora parece ir a negociar una transición de tres años: «Es el plazo que tomamos de la mayoría de las operaciones de ese tipo que se hicieron en el mundo: Brahma tardó ese tiempo en vender Bieckert, Palermo e Imperial cuando se lo exigieron para avanzar con su fusión con Quilmes. Le pasó lo mismo a Pecom con Transener y hasta las ventas que tuvo que hacer Microsoft duraron un tiempo similar». Parece entonces una nueva teorización sobre el control monopólico de las fusiones y adquisiciones que el Gobierno sacó de la galera en medio de la pelea.


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