El vocero de la Casa Blanca salió ayer al ruedo tratando de convencer a quien lo escuchara que la economía está lejos de cualquier proceso recesivo. Que el mercado no le creyó demasiado lo evidencian los 70 puntos que perdió el Dow mientras el hablaba (en lo peor del día, el Dow cayó un 1,4% -el reporte ADP de empleo y el índice ISM de servicios fueron horribles- y en lo mejor ganó un 0,32%). Lo cierto es que el mercado parece querer escuchar exactamente lo contrario, esto es, que la situación es lo suficientemente mala como para que se siga fogueando la caldera de la suba. Aquí es donde entraron ayer los últimos tres directores de la dirección monetaria de la Fed (ya no están en ejercicio) que estimaron que la economía está lo suficientemente débil como para que el organismo implemente, si no un QE3, al menos un más modesto QE2.5 (como irónicamente se comienza a llamar el plan que estaría preparando la gente de Bernanke), y ya sea por casualidad o causalidad, su entrevista coincidió con la recuperación que tuvieron las acciones por la tarde. Una recuperación que terminó con el Dow avanzando un 0,25%, a 11.896,44 puntos (el NASDAQ trepó un 0,89%). Es claro que para ser la primera suba luego de ocho retrocesos consecutivos, no fue demasiado excitante ni habla demasiado bien de los números sobre el empleo que se difunden mañana (se estima que la desocupación de julio quedó igual a la de junio, en un 9,2%), por lo que parece poco probable que en las siguientes 48 horas el Dow alcance a ganar más del 2% para terminar la semana ganador. Si unos párrafos atrás usamos la palabra exigua es entre otras cosas porque -más allá de que el volumen ayer fue bueno en acciones-, los Fondos Comunes de Inversión sufrieron la semana pasada la mayor fuga de inversores en más de un año. El banco central suizo trató de debilitar su franco, pero apenas terminó derribando un 0,7% al dólar.
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