En horas se habrá resuelto el primero de los grandes intríngulis de la semana: por cuántos votos ganan los republicanos la elección legislativa y si controlan también el Senado. Sea cual sea el resultado, es claro que algo va a cambiar en la sociedad norteamericana. En primer lugar, es la primera vez en la historia moderna que la mayoría de las mujeres apuntan a votar a candidatos republicanos. Pero esto no es lo más importante. Prácticamente sin que nadie lo mencionara y a pesar de toda la publicidad en contra por las restricciones a la inmigración, los grandes ganadores de esta elección apuntan a ser los latinos. Acorralado por izquierda y por derecha, el presidente Obama impulsó un numero récord de candidatos de origen africano, en desmedro de los hispanoparlantes que tendrán la menor participación en las listas demócratas desde al menos 2002. Mientras, en la vereda de enfrente es posible que veamos a la primera gobernadora latina de un estado norteamericano (Susana Martínez, en Nueva México), que se sumaría al primer gobernador latino de Nevada y por lo menos a tres nuevos diputados de similar origen. Pero el caso más importante es el de Marco Rubio de Florida, que no sólo podría presidir el Senado, sino que ya es visto como un casi seguro «vice» para las «presidenciales de 2012». Si hablamos de política, es porque los inversores dieron ayer un evidente paso al costado, que se reflejó en los menos de 960 millones de papeles transados en el NYSE y en el magro 0,06% que ganó el Dow al cerrar en 11.124,62 puntos. Hay que entender que ésta no será una elección ordinaria, no sólo porque las últimas encuestas hablan de una «paliza» sin precedentes, sino por el grado de polarización de la sociedad que llevó a que el Paul Krugman (Nobel de Economía) terminara su editorial de la semana pasada diciendo: «Si la elección resulta como se espera, éste es mi consejo: tenga miedo. Tenga mucho miedo».
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