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Simplemente dos leyendas
El fin de semana se retiraron del rugby el irlandés y el inglés, dos jugadores que quedarán en la historia
BODyWilko. El irlandés O'Driscoll apenas jugó 7 minutos para Leinster, aunque se fue con otro título. El inglés Wilkinson hizo doblete en una semana con Toulon.
El rugby es relativamente nuevo en esto del profesionalismo. No han pasado aún dos décadas pero hemos tenido el placer y el privilegio de disfrutar a muchos que con el tiempo serán indudablemente recordados como algunos de los mejores rugbiers de todos los tiempos.
En ese sentido, el pasado fin de semana significó el último aplauso para dos de los mejores de cualquier era. En Dublín y en París, con unas horas de diferencia, cantaron las hurras Brian O'Driscoll y Jonny Wilkinson.
En la capital de Irlanda, el centro duró unos pocos minutos en la final en la que Leinster ganó el Rado Direct, torneo que agrupa a equipos irlandeses, galeses y escoceses. Esos siete minutos no fueron el cierre ideal para alguien que debutó profesionalmente en 1998 y con los años se instaló como el mejor centro de su gene-ración. British Lion en cuatro giras, capitán en 2005 y sorpresivamente colgado para el que iba a ser su último partido en el emblemático combinado británico. Le dio a Irlanda el Grand Slam que le había sido esquivo por casi 60 años y se va del rugby como el mejor irlandés de todos los tiempos, esto con jugadores de la talla de Willie John McBride, Fergus Slattery o el mágico Mike Gibson.
Llegó unos meses antes al rugby profesional y se retiró unas horas después. Jonny Wilkinson se va como el gran héroe inglés que sobre los últimos años de su carrera se convirtió también en héroe francés. Debutó cuando todavía era adolescente en el seleccionado de la rosa y fue clave en establecer los altos parámetros individuales del rugby profesional.
Su compañero de los últimos años en la Riviera francesa Juan Fernández Lobbe lo describió así a AlRugby: Es el mejor ejemplo que uno puede tomar para explicar cómo debe ser un atleta profesional. No sólo en el rugby sino en todos los deportes. Y agregó: Su trabajo, su humildad, sus ganas de progresar cada día, siempre poner al equipo por adelante del interés personal, su solidaridad, su determinación son características que lo hacen tan querido en el ámbito del rugby. Cuando a Corcho se lo consultó sobre el aporte del emblemá-tico apertura en un seleccionado mundial explicó que pasa por su filosofía de trabajo, por ser humilde, profesional, entregarse siempre al 100% al equipo es lo más importante; brindarse por el compañero.
Entonces, mas allá de esas muchísimas perlas -que incluyen aquel drop en la final del Mundial 2003 que lo elevó a un lugar único en el folklore ovalado, las dos Copas de Europa, el Top 14 que ganó en su último partido, los Grand Slams- es el recuerdo de una carrera intachable. De una persona íntegra y enfocada.
Como nunca jugó a menos del 100%, estuvo muy golpeado físicamente durante varias temporadas. Mudarse a la Costa Azul le dio un nuevo envión que lo permite retirarse con su imagen más grande que nunca. La forma en que sus compañeros -presentes y pasados- y rivales lo despidieron marca lo que fue Jonny para esta generación.
¿Qué aprendí de él? Que uno no debe querer ser el mejor sino que tiene que querer ser cada día mejor. ¿Qué pasa cuando llegaste a donde vos pensaba que era lo máximo? ¿Dejás de trabajar? ¿Dejás de dar tu 100%? Nunca. Siempre se puede trabajar un poco mas. Lo que aprendió Corcho es una gran lección para todos los que juegan al rugby. Es más, para todos los que aspiran a superarse día a día en cualquier disciplina que elijan.


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