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Sin acuerdo, CTA busca un pacto por elección limpia
Hugo Yasky
Mañana, Hugo Yasky y Pablo Miceli se verán frente a frente en la sede de CTA para discutir formas y logísticas de la elección del 23 de setiembre, en el tramo final de los preparativos para el cierre de lista del 5 de agosto.
Allí, el docente -que encabezará la boleta filo-K- y el estatal -que irá al frente de la lista anti-K- discutirán sobre un capítulo operativo clave: los lugares de votación que se habilitarán en todo el país para que vote un padrón de 1,4 millón de afiliados.
Sobre la mesa, reflejo de donde radica la fortaleza electoral de cada uno, Yasky pedirá incorporar «urnas volantes» y agregar nuevas mesas en los barrios. Miceli rechaza ambas iniciativas: advierte sobre la «peligrosidad» de las urnas móviles y quiere repetir la grilla de mesas de 2006, es decir, edificios públicos, gremios, escuelas y filiales de CTA.
Coincidirán, sin embargo, en un punto: obviar el requisito de que para ser candidatos son necesarios dos años de afiliación acumulada. Los dos quieren incorporar postulantes que no cumplen esa disposición y, seguramente, aceptarán la excepcionalidad.
El avance de esas conversaciones, sus términos y cumplimientos son la matriz que obsesiona a la cúpula de la CTA, indistintamente de la trinchera en que esté parado de cara a la elección del 23 de setiembre, cuya convocatoria oficial será el 22 de julio.
Lo que parece obvio requiere de un acuerdo de caballeros: que la elección sea «limpia» para evitar que incidentes e irregularidades conviertan lo que podría ser un episodio que potencia a la CTA en un elemento que derive en un proceso de fractura.
Transparencia
Sobre ese punto, Yasky -que llevará a Pedro Wasiejko como adjunto, y Miceli, que tendrá de dos a José Rigane (Luz y Fuerza de Mar del Plata)- tratan de fijar lo que parece obvio: un esquema de garantías de que la elección sea transparente.
Hay, claro, sospechas cruzadas. La provincia de Buenos Aires será un territorio incendiado: allí el duelo será entre Roberto Baradel (SUTEBA) por el yaskysmo y Hugo «Cachorro» Godoy, ATE, por el sector que postula a Miceli y se referencia en Víctor De Gennaro.
La limpieza de la votación, según entienden en la central, depende del nivel de intromisión que pretenda el Gobierno, que aparece como soporte del grupo de Yasky. Será un trabajo extra para Rodolfo Córdoba, jefe de la Junta Electoral, alguna vez funcionario de Jorge Telerman.
Por esa razón, la CTA hará un planteo administrativo para que el Ministerio de Trabajo, que conduce Carlos Tomada, no pueda intervenir en los comicios. Todo se explica: ante el favoritismo del Gobierno por Yasky, el sector de Miceli quiere evitar esa intromisión.
En general, Trabajo es la instancia de alzada luego de que se agota la vía administrativa interna. La CTA, sin embargo, pedirá que cualquier intríngulis derive, sin escalas, en la Justicia.
Horacio Meguira, abogado de la central, fue quien explicitó esa situación. «No va a intervenir porque ha dicho que no interviene en comicios de gremios que no tiene personería y porque la OIT establece que la alzada es la Justicia», le dijo, anoche, a este diario.
Afiliados
La CTA tiene, en todo el país, un padrón de 1,4 millón de afiliados de los cuales, según estiman en la central, votarían algo más de 600 mil. En la última elección, en 2006, concurrieron 300 mil, pero no hubo, como en la que se viene, competencia de listas poderosas.
Aquel año, cuando fue proclamado Yasky, compitió una boleta de la izquierda, patrocinada por el PO -que seguramente se anotará también en este turno-, pero no alcanzó el 5%. Para setiembre se espera que ese grupo aporte una tercera boleta.
Puede beneficiarse del proceso de enfrentamiento nacional, ya que en muchas provincias había acuerdo para sellar la unidad pero la batalla grande, entre los filo-K y los anti-K, terminó derramando hacia los distritos en muchos de los cuales no simpatiza la idea de un duelo.
Pero el extremo filo-K versus anti-K no da margen para una tercera vía. Milagro Sala, de la Túpac Amaru, es un caso testigo: pidió unidad porque, aunque su perfil es movimientista, no podría pararse en una lista contra Yasky, por temor a represalias oficiales.
Lo de Sala refleja, además, otro paradigma: los movimientos sociales parecen, en el reparto, más cercanos al docente al tiempo que la incidencia de los afiliados oficiales, con la incorporación de afiliados del sector privado, se ha reducido en porcentaje.
De todos modos, la batalla de fondo se centraliza entre ATE y CTERA, con la diferencia de que el primero es un bloque unificado, con mando centralizado aunque con matices -Edgardo Depetri, por caso, es ultra-K-, mientras que lo de los docentes es una federación con más autonomía territorial de cada sindicato.


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