26 de diciembre 2011 - 00:00

Sin cura: Castro no abre fronteras y exaspera a cubanos

Lisandra Álvarez limpia maníes, junto a su sobrino, Antony Rivero, y su hijo Yoanis, que se divierte con un videojuego, antes de la cena de Navidad. El régimen anunció la liberación de 3.000 prisioneros, pero mantuvo la restricción para salir de la isla.
Lisandra Álvarez limpia maníes, junto a su sobrino, Antony Rivero, y su hijo Yoanis, que se divierte con un videojuego, antes de la cena de Navidad. El régimen anunció la liberación de 3.000 prisioneros, pero mantuvo la restricción para salir de la isla.
La Habana - «No hay decepción, hay renovación de la decepción», escribió Rey en su cuenta en Twitter, resumiendo el sentir de muchos cubanos que esperaron infructuosamente que Raúl Castro anunciara una reforma migratoria que les permitiera viajar libremente al exterior, tras 50 años de restricciones.

«Muchas las promesas incumplidas» y «la cacareada reforma migratoria es la última en la lista de espera», añadió Rey que, como cientos de cubanos, siguió por la red social el viernes la sesión del Parlamento, en la que suponía Raúl Castro lanzaría finalmente la medida.

En cambio, el presidente cubano, que la había anticipado el 1 de agosto, para poner fin a restricciones que perduraron «innecesariamente» -desde 1961- dijo que la introducirá de forma paulatina, echando un balde de agua fría sobre no pocos cubanos.

«Reafirmo la invariable voluntad de introducir paulatinamente los cambios requeridos en esta compleja temática, sin dejar de valorar en toda su integralidad los efectos favorables y desfavorables de cada paso», dijo Castro.

Destacó que «no pocos consideran urgente la aplicación de una nueva política migratoria olvidándose de las circunstancias excepcionales en que vive Cuba bajo el cerco que entraña la política de injerencias y subversiva» de Estados Unidos.

Controversia

El tema migratorio es desde que triunfó la revolución de Fidel Castro, en 1959, uno de los que genera mayor controversia entre Cuba y Estados Unidos, donde vive el 80% de los dos millones de cubanos que se marcharon de la isla, de forma legal o ilegal y sus descendientes.

«Claro que muchos tienen que haberse quedado con la boca abierta, pero hay que entender que el tema es complejo, tiene muchas aristas, y que hay que ir despacio», declaró Enrique Martínez, un librero, que hacía el sábado sus compras para la cena de Nochebuena, en la Habana Vieja.

Los cubanos, con un salario promedio nominal de 20 dólares al mes, sólo pueden viajar al exterior con una carta de invitación, requieren de un permiso de salida oficial y deben pasar un proceso burocrático largo y costoso, de más de 500 dólares, sin contar el pasaje.

Asimismo, precisan de visas oficiales de los países que visitan, por lo que, con la eventual autorización de su Gobierno, sólo se resolvería una parte del problema.

Ni el Gobierno comunista ni la prensa cubana, bajo control del Estado, han precisado los alcances que tendrá la reforma, pero expertos sostienen que debe implicar la eliminación de los engorrosos y caros permisos de salida y entrada al país, así como la condición legal de «emigrante definitivo», al que se le confiscaban sus bienes.

Previo a la reunión del Parlamento, la reforma, largamente esperada por los cubanos y la diáspora, motivó corrillos en las calles, en los que algunos preferían ser cautelosos, pero sobre todo generó un fuerte debate en los blogs tanto oficialistas como críticos con el Gobierno.

La bloguera opositora Yoani Sánchez, que ha intentado infructuosamente viajar al exterior 18 veces desde que se repatrió en 2002 tras vivir dos años en Suiza, escribió que «Raúl Castro autoriza la salida de las cárceles pequeñas, pero todavía no anuncia la salida de la cárcel grande».

Sánchez, que se refería al indulto sin precedentes por razones humanitarias de casi 3.000 presos, entre ellos 86 extranjeros, que el gobernante anunció el viernes ante el Parlamento, dijo haberse quedado como lo anunció el jueves en su blog Generación Y «con la maleta preparada».

Agencia DPA

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