22 de octubre 2012 - 00:00

Sin encuestas y con táctica Néstor

Cristina de Kirchner redujo al mínimo un insumo habitual de la política: las encuestas. Los informes de opinión pública, que su marido consumía con devoción, dejaron de figurar en su menú periódico. Ignora los sondeos que presupone negativos y duda de la veracidad de los positivos.

Juan Manuel Abal Medida, dealer presidencial de esas numerologías, mantiene activo el dispositivo de encuestólogos, pero la destinataria última de esos trabajos no los considera para su oficio diario. En la Casa Rosada relatan, intrigados, la novedad.

Tal vez sea una casualidad que el extrañamiento coincida con la etapa en la que los sondeos certifican una tendencia negativa de la imagen presidencial. O que, sabedora de esa mala hora, la Presidente no modificará su hoja de ruta para lo que queda de 2012.

Es un indicio: así como las encuestas críticas no alterarán los planes del Gobierno con el 7-D, tampoco el cacerolazo del 8-N, sea cual fuere su intensidad y volumen forzará a la Presidente a hacer una corrección en su batalla contra el monopolio Clarín.

Con ese norte, Cristina de Kirchner ensayó la semana pasada un giro peronizador que remite a la táctica que aplicó Kirchner durante el conflicto con la guerra gaucha: involucrar, por convencimiento o por intimación, al universo PJ en la cruzada de la 125. Ahora es el 7-D.

La invitación a Daniel Scioli y a los intendentes del conurbano a recordar el 17 de octubre con un acto en Casa Rosada es un episodio que, poco tiempo atrás era inimaginable.

Es la foto de una película que estira la tregua condicionada con el gobernador y la orden a La Cámpora de suspender, al menos temporariamente, la metralla sobre los caciques del conurbano.

Antes de desfilar por Balcarce 50, los alcaldes tuvieron un gesto dual: firmaron una solicitada, en la que también figuró Sergio Massa, en defensa de la ley de medios, pero bajo el sello del PJ y sin ninguna mención al Frente para la Victoria (FpV), la marca K.

Hasta ahora el gobernador gambeteó el 7-D, una herejía -previsible- para la Casa Rosada. Un déjà vu del conflicto del campo cuando, durante meses, Scioli navegó en aguas neutrales. Kirchner fulminó esa ambigüedad al convertirlo en candidato testimonial.

Las encuestas, por el contrario, limitan los movimientos de Mauricio Macri. El jefe de Gobierno dice que tiene ganas de salir a hablar contra Cristina para reforzarse como el principal opositor pero cuenta que «su equipo» le recomienda no hacerlo. El mutismo es sugerencia de Jaime Durán Barba, postura que sostiene en el día a día Marcos Peña. El consultor explicaba, meses atrás que cuestionar a la Presidente que tenía más del 50% de imagen positiva era una mala decisión porque generaba rechazo de los adherentes del criticado.

Los índices de Cristina de Kirchner variaron a la baja, pero Durán Barba insiste con su teoría y Macri la acata como un dogma. Gabriela Michetti, fugazmente de regreso en la provincia de la mano de Daniel Angelici, y Federico Pinedo son dos de los que le reclaman mayor exposición contra Cristina.

Cada vez que se lo plantean, el jefe de Gobierno reacciona de mala gana. «Yo quiero pero me recomiendan que no lo haga» se escabulle. Invoca, como letra chica, que negoció acuerdos mínimos con el Gobierno con temas de gestión como la ampliación de la Illia.

Esta tarde, la Presidente volverá a encabezar un acto en el Museo del Bicentenario, con unos 2.500 invitados, en la presentación del Plan Nacional Estratégico de Seguros (PLANES), programa 2012/2020, que se vino diseñando en detalle en los últimos meses. En ese paquete figuran posibles cambios a la Ley de Entidades financieras y retoques a la Ley de Seguro, además de un objetivo para elevar la participación de la actividad del 2% al 5% del PBI en ocho años.

En el mismo salón, mañana Cristina de Kirchner recordará los 100 años de la Ley Sáenz Peña, de sufragio universal, que podría servirle de link para elogiar la reciente aprobación en el Senado del voto optativo para los jóvenes de más de 16 años.

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