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SIN PIEDAD: La argentinidad, al palo en Retiro

Por definición, los que más sufrieron el paro son hombres, mujeres y niños de todas las edades y destinos que no tenían la capacidad económica de abandonar el lugar y pasar las horas en un hotel o similar. Esto es, un sector de problemático poder adquisitivo. Sin embargo, alguien vio la posibilidad de poder sacar una renta extra de la situación.
Como acto reflejo, entre el jueves y el viernes, cuando comenzó a confirmarse que el conflicto iba para largo, los precios generales de los locales aumentaron un 25% promedio en menos de 24 horas. Para que no haya registros, se retiraron inmediatamente los listados de precios gastronómicos de toda la larga explanada donde familias enteras comenzaban a acampar esperando la noticia de la reactivación del servicio.
Un almuerzo o cena tercermundista (un plato y una gaseosa) pasó a ser cobrado no menos de 60 pesos, con atención polémica por parte de los mozos y tiquets volátiles. Sin embargo, el ejemplo más claro de movilidad de precios se registró en los cafés, que pasaron a costar 22 pesos el vaso térmico, sin azúcar. El té se ubicó algo más barato: 16 pesos, pero sólo el saquito. El agua caliente y el vaso se cobraban aparte, lo que elevaba el costo final en 20 pesos la infusión. Milagrosamente los precios bajaron a sus niveles habituales en el mismo momento en que la UTA anunció el levantamiento del paro y la vuelta a la normalidad.
Hubo también costos extras que aparecieron el día del conflicto. Los baños de Retiro (famosos por no ser precisamente un ejemplo de pulcritud y amabilidad) comenzaron a ser rentados. Cada pasajero rehén necesitado de concurrir a los excusados (algo imprescindible con cuatro días de espera de un final feliz inalcanzable) tuvo que pagar dos pesos por cada evacuación o intento de lavado de cara.
Todos estos eventos tienen, además del lugar de los hechos (la Terminal de Buenos Aires) un denominador común: son responsabilidad del concesionario del lugar, un empresario moderno llamado Néstor Otero, que tiene desde hace casi una década la administración de TEBA. Llegó a esa aventura por ser empresario gastronómico y dominar durante años todos los restoranes y locales de comida del lugar, lo que obviamente sigue haciendo. Toda la oferta gastronómica es de su propiedad momentánea, incluyendo los precios. Es además el responsable de elaborar las viandas que los micros ofrecen a sus pasajeros en el viaje. En esta oportunidad, en medio del padecimiento de los pasajeros varados, dichas viandas fueron entregadas a modo de gentileza, pero cabe aclarar, vencidas y con moho. Y también, Otero es el que tiene que mantener los baños en funcionamiento. En los días pasados, acaso habría sentido la sensación inolvidable de cazar en el zoológico.
Otero igual no la lleva fácil. En poco tiempo debe enfrentar un juicio oral y público por el pago de dádivas a Ricardo Jaime. La investigación apunta a que se habría hecho cargo entre 2003 y 2009 de los alquileres y las garantías de los departamentos porteños que habitó el exsecretario de Transporte, el funcionario que debía controlarlo.
@cburgueno


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