15 de febrero 2010 - 00:00

Sin plan B, el kirchnerismo alista batalla en Congreso

Miguel Pichetto vuelve a estar en el centro de los problemas del Gobierno. En Diputados, la ratificación del DNU del Bicentenario está perdida. La esperanza oficial queda sólo en el Senado, y no hay negociaciones en marcha.
Miguel Pichetto vuelve a estar en el centro de los problemas del Gobierno. En Diputados, la ratificación del DNU del Bicentenario está perdida. La esperanza oficial queda sólo en el Senado, y no hay negociaciones en marcha.
El kirchnerismo del Congreso no recibió ninguna instrucción del Gobierno durante el fin de semana. Sería lo normal en cualquier democracia avanzada, salvo que en este caso el problema es que faltan sólo 15 días para que el Congreso vuelva a sesionar y la oposición imponga, entonces, el rechazo al DNU que creó el Fondo del Bicentenario. No hay, por ahora, escenarios alternativos al DNU, ni siquiera alguna instrucción oficial para negociar una ley alternativa al decreto, tal como piden algunos peronistas rebeldes o como ofreció el propio radicalismo a cambio de derogar el decreto de la polémica.

Agustín Rossi, jefe del bloque de Diputados, no tiene demasiadas herramientas para seducir a posibles aliados, aunque la diferencia que le lleva en esa Cámara la oposición, especialmente en este tema, haría de todas formas imposible un triunfo oficial.

Casi resignado, Rossi está ahora más preocupado por cómo arranca el año legislativo y avanzan en las comisiones proyectos que pondrán a Cristina de Kirchner en el brete de tener que activar la máquina de vetar leyes, como en el caso del Consejo de la Magistratura o el cambio en el régimen de control de los DNU (ver pág. 11).

En el Senado, la situación de Miguel Pichetto es distinta. Ésa es la última frontera que le queda al Gobierno para salvar el DNU, y los números hoy indican que por dos senadores de diferencia la votación la están perdiendo.

Lo curioso es que tampoco allí los Kirchner bajan alguna estrategia distinta al sistema de captación de votos que hasta ahora han utilizado distribuyendo fondos y auxiliando a provincias, y que esta vez no parece estar resultando.

Por ejemplo, nadie advirtió que aunque Celso Jaque aparezca desde Mendoza apoyando el Fondo del Bicentenario, poco importa su opinión porque no tiene senadores que le respondan. O que le suceda la mismo a Juan Schiaretti quien, cerca o lejos del Gobierno, nada podría ayudar en esta pelea.

Al correntino Ricardo Colombi le sucede algo similar con Josefina Meade: él se desvive apoyando el decreto y su senadora alerta que si fuera una ley, la votaría, pero nunca un DNU.

Así, todos siguen subiendo el precio en una subasta que el Gobierno aún no inició. Extraño cuando ni siquiera pudo el kirchnerismo predecir la conducta del pampeano Carlos Verna y su compañera María Higonet. Verna será difícil de desentrañar para un iniciado en la política, pero nunca para un peronista que lo conoce desde hace tiempo.

Su negativa a apoyar al Gobierno con el DNU no fue sorpresa para Pichetto la semana pasada, pero sí que el ultrarreservado Verna apareciera públicamente reclamando junto a la oposición en el Senado, como son los radicales o el puntano Adolfo Rodríguez Saá.

Mientras Pichetto no recibe instrucciones de la Casa Rosada, en el bloque otros senadores recalientan el ambiente: ¿Sabe algo que Pichetto no conoce el santacruceño Nicolás Fernández cuando incita a la oposición a que presente un proyecto de ley alternativo al DNU de Cristina de Kirchner?

La oposición radical o peronista rebelde nunca presentará un proyecto en esos términos para solucionarle al Gobierno la crisis por el DNU de las reservas. Menos cuando en los últimos conteos tiene las sesiones ganadas en Diputados y el Senado, al punto que los más optimistas comenzaron a llamar al DNU 2.010/09 «el decreto insepulto».

En esos términos, Pichetto podría correr el riesgo de tener que solucionar la crisis directamente en el recinto del Senado. La historia reciente tiene una foto de un hecho similar que cambió el sentido del Gobierno: la votación de la Resolución 125 que nunca pudo ser renegociada por orden expresa del propio Kirchner.

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