Twitter tiene la ventaja de ser una invitación a la sinceridad. Aunque no es otra cosa que una extensión (como el fax e internet) de los servicios del viejo teléfono, hace que los usuarios cuelguen mensajes que los retratan sin maquillaje. La sinceridad, además, en política hace estragos y divide almas que parecían gemelas. Ayer produjo este cruce entre el canciller Héctor Timerman y la kirchnerista legisladora María José Lubertino: «Lubertino: entrando a Cancillería argentina. Recepción del canciller Twitterman a las delegaciones de partidos y organizaciones de izq(quierda) de Am(érica) Lat(ina). F(oro de) S(an) P(ablo).
A los dos minutos dijo Timerman en respuesta a Lubertino:
«¿Vos fuiste presidenta del INADI? No deformes los apellidos; eso es fascismo».
Lubertino se llamó a silencio desde ese momento. Que un funcionario jerárquicamente superior a ella, y que además es un campeón en la defensa de los derechos humanos, le dijera «fascista» fue una descalificación que nunca esperó ni del más rabioso opositor.
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