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Singular retrato de familia disfuncional
Aunque daba para más, «Dioses» es una interesante descripción de una peculiar familia de clase alta peruana eludiendo el dramón andino.
Quizá daba para más, pero no deja de ser un buen cuento éste de «Dioses», singular y maliciosa descripción de una familia disfuncional de la clase alta peruana: padre con muñequita café con leche viviendo en la casona de fin de semana frente al mar, hijo rubio, neurótico e inútil obsesionado con la hermana rubia, frívola y fiestera, madre ausente, personal doméstico a cargo de todo, incluso de contener al hijo. Ah, pequeño detalle: la rubia está embarazada y no sabe de quién.
No se aflija el lector: no es del hermano, lo que pasa es que esa borrachona no sabe ni dónde ni con quién termina cada noche. Sólo en una escena la vemos ponerse seria, cuando escucha al médico explicándole cómo es un feto de ocho semanas. Pero inmediatamente después ya está de nuevo en plena jarana, bromeando con las amigas. Su coetánea, la mantenida del padre, al menos cumple sus tareas y aunque sea de mala gana procura tener una pátina de cultura general, para sentirse bien en las reuniones de las esposas, suponemos que legítimas, de los amigos del hombre (casi todas legítimamente rubias). Sólo una pátina, como para no pasar papelones. Ella también es bastante frívola. Su otro miedo es que le caigan de visita la madre, mujer de barrio, y la abuela, vestida de colla.
En fin, así las cosas, algo hay que hacer con la criatura. Lo que son esos tres vagos, no hacen nada, viven del tipo, que tiene una empresa y espera que el hijo siente cabeza. Y ya sabemos dónde quiere sentar cabeza este tarado. Hasta que le cae la ficha y algo en él empieza a cambiar. El asunto es atractivo, y afortunadamente elude el dramón andino, pero tampoco llega a ser la comedia satírica que cabía esperar de semejante enredo. Para eso necesitaba más ritmo, más mordiente, y unos minutos menos. Eso si, la escena final, graciosamente alegórica, remata muy bien la historia, y reafirma eso de «bien está lo que bien acaba». Además, la morenita Maricielo Effio (la Salomé de «Pantaleón y las visitadoras») y la rubia Anahí de Cárdenas son de muy buen ver, por decirlo de un modo elegante. El afiche es engañapichanga, pero esas criaturas son de verdad.
P.S.


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