Sobornos: descalificó con croquis y fotos De la Rúa al “arrepentido”

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Fernando de la Rúa declaró ayer por primera vez en el juicio oral por los presuntos sobornos en el Senado durante su Gobierno. Durante 130 minutos realizó, frente al Tribunal Oral Federal número 3, dos relatos, uno de tinte político y el otro estrictamente vinculado con la causa y con el testimonio de Mario Pontaquarto. Contó en primera persona los avatares que confluyeron para la debacle de su administración, disparó contra distintas figuras de la política nacional e internacional y ofreció un show fotográfico para contrarrestar el testimonio del arrepentido durante la instrucción. Citó a Gandhi y a Parménides, fustigó al juez y al fiscal que ejecutaron la instrucción, casi no leyó su discurso y abandonó Comodoro Py con una promesa: «Cuando termine la semana que viene ya no habrá más dudas».

El de ayer fue el testimonio más esperado por todas las partes. De la Rúa tomó posición en el estrado minutos después de las 17. Anticipó la estructura de su discurso y si bien no se despegó del libro de su autoría «Operación política», ni de sus apuntes, prácticamente no precisó consultarlos. El único momento en que su voz dejó traslucir emociones fue cuando recordó a su padre, un abogado que se desempeñó como juez en la provincia de Córdoba.

El momento clave para el proceso fue una serie de fotografías y planos que proyectó en los televisores plasma del Salón de Usos Múltiples. En las fotos se lo podía ver a él mismo en distintas reuniones celebradas en la Casa de Gobierno. El objetivo: refutar distintos puntos del reconocimiento visual que hizo Pontaquarto en Balcarce 50 durante la instrucción. De la Rúa pretende así probar la tesis de que los supuestos sobornos nunca existieron, como tampoco la reunión que detalla el arrepentido en la cual él habría ordenado ejecutar el pago de las coimas.

Entre los supuestos errores del exsecretario parlamentario, De la Rúa señaló que éste confundió elementos propios del mobiliario del despacho presidencial. Pontaquarto había declarado que las sillas eran verdes, cuando en las fotos aparecían de color blanco. En esa ocasión también había señalado unas puertas que marcan la salida del despacho. Pontaquarto había declarado que no tenían espejos sino vitreaux. El exmandatario, por su parte, mostró fotos tomadas durante la gestión de Néstor Kirchner donde se ve a la puerta con espejos. En cuanto a la disposición de los ambientes, el «arrepentido» omitió la existencia de la oficina del edecán presidencial así como también la presencia del oficial. Pontaquarto había hablado de «una secretaria».

Luego del show de fotos, siguió la exhibición del croquis de dicha oficina que Pontaquarto había realizado a pedido del fiscal Federico Delgado. El exmandatario lo contrastó con el realizado por dos edecanes presidenciales, lo cual dejó entrever diferencias en la disposición de muebles. El de Pontaquarto ubica la mesa de reuniones en una posición distinta de la de los edecanes de la Marina y el Ejército.

Curvas

El tercer elemento que presentó, en forma más breve, sin dar grandes detalles, fue un gráfico de curvas para plasmar los movimientos de fondos de la SIDE durante su mandato. En este caso resaltó una baja de los llamados «fondos reservados».

A continuación De la Rúa cargó contra el fiscal Delgado al sostener que se dejó llevar por «indicios absurdos». Ejemplificó con una supuesta llamada telefónica hecha desde su domicilio particular para contactar al entonces ministro Alberto Flamarique, que el fiscal utilizó en la instrucción. Comentó que en ese entonces en ese inmueble vivían sus hijos, ya que el se encontraba «como es lógico» en la residencia de Olivos.

Luego levantó el volumen de su voz: «Estos son los errores del declarante estrella al que se aferró el juez en la instrucción (Daniel Rafecas)». Al cierre, juntó sus manos, miró al suelo y citó a Gandhi: «No porque todos crean algo, eso quiere decir que sea cierto».

Al comienzo de su discurso, De la Rúa se explayó sobre los motivos que, según su entender, devinieron en la caída del último Gobierno radical. «Tuvimos soja baja y deuda alta, el contexto internacional nunca nos ayudó; si la soja hubiera costado lo que vale ahora la historia era distinta», comentó. Al mismo tiempo justificó la implementación del llamado Megacanje («si no se hacía, nuestras reservas corrían el riesgo de ser incautadas») y criticó a los medios de comunicación por «fomentar las corridas bancarias».

Al hablar, el exmandatario interpelaba directamente al titular del tribunal, Guillermo Gordo, y sólo desviaba la mirada hacia sus abogados Jorge Kirszenbaum y Valeria Corbacho. Se dirigió a los jueces con solemnidad («vuestras excelencias») y nunca sonrió. Dijo que él no se sentía en «el banquillo de los acusados» sino «en el estrado de la defensa».

Reproches

Dedicó un momento especial para reprochar el rol jugado por dos adversarios de su propio partido. Comentó, no sin cierta ironía, que a su exjefe de Gabinete, Rodolfo Terragno, «sólo le gustaba dar buenas noticias» y remarcó que la entonces diputada Elisa Carrió contribuyó a minar la confianza del país en el exterior con sus denuncias por presunto lavado de dinero.

Dedicó un párrafo al FMI. Señaló como un hecho negativo para el país la llegada a la cumbre del organismo de la economista Anne Kruger, a principios de siglo, de buena sintonía con la administración de George W. Bush. «Kruger nos hizo mucho mal, especialmente con sus teorías del sálvese quien pueda», expresó al tiempo que volvía a la actualidad para referir que actualmente el Fondo ha destinado «miles de millones de dólares» para ayudar a la eurozona.

La audiencia de ayer presentó tres cuartos intermedios en los cuales los abogados aprovechaban para intercambiar opiniones y pronósticos con sus defendidos. De la Rúa, con las manos en la espalda, no hablaba con ninguno de los acusados, sólo algunas palabras con sus abogados. Sin embargo, ya por la noche, se dirigió al final de la sala para saludarse con amigos que se sentaron entre el público, casi como si estuvieran frente a un espectáculo deportivo.

Cuando durante la mañana le tocó declarar a Pontaquarto, tuvieron distintos cruces de miradas con el expresidente. Ambos mantuvieron los brazos cruzados, aunque Pontaquarto por momentos daba distintas muestras de hastío o cansancio, especialmente cuando los defensores le marcaron distintas contradicciones en sus declaraciones, especialmente en materia de fechas y horarios.

El toque de color fue la presencia del escritor Jorge Asís, quien presenció la audiencia entre el público y aprovechó los cuartos intermedios para animar distintos conciliábulos, de los cuales pocos se quisieron quedar afuera. A modo de explicación de su incursión tribunalicia simplemente dijo: «Soy curioso, vengo a ver esto un poco más de cerca».

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