Sobornos: De la Rúa cruzó llamadas para negar reunión

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Fernando de la Rúa continuó ayer su declaración en el juicio oral por los presuntos sobornos en el Senado. Con un esquema similar al de su primera audiencia, primero habló de política y luego cargó contra el testimonio de Mario Pontaquarto. Más histriónico que la semana pasada, alternó datos y pensamientos con comentarios irónicos que desataron risas entre los presentes. Nadie quedó a salvo: fustigó a exfuncionarios, sindicalistas, periodistas y miembros de la Iglesia. Expuso un cuadro de llamadas y movimientos para rebatir la existencia de la supuesta reunión donde se habrían acordado los sobornos. En ningún momento llamó al arrepentido por su nombre. Recordó al ya desaparecido exsenador José Genoud y para concluir eligió una exclamación: «¡Será justicia!».

De la Rúa decidió hablar de la causa luego del cuarto intermedio que tuvo lugar al mediodía. Al igual que en su primera intervención, ayer utilizó elementos gráficos para desacreditar las declaraciones de Pontaquarto. Tomó el micrófono y se desplazó frente a los jueces del Tribunal Oral Federal número 3 mientras su abogada Valeria Corbacho sostenía una lámina blanca donde se podía ver una tabla con los movimientos de los senadores y funcionarios que según Pontaquarto habían participado de una reunión en Balcarce 50, donde se habría acordado el pago de coimas para la aprobación de la reforma laboral.

Luego de explicar movimientos y traslados de los integrantes del presunto cónclave, a medida que repasaba los horarios declarados por el exsecretario parlamentario, el expresidente arribó a la conclusión de que en esa ocasión Genoud, Pontaquarto y el exsenador peronista Alberto Tell no podrían haber coincidido debido a que las distancias lo impedían en los tiempos detallados por la instrucción. «Esta es otra muestra de que la reunión nunca existió», comentó.

Al mismo tiempo, De la Rúa también descalificó la narración de Pontaquarto sobre su presencia en el departamento del exsenador Emilio Cantarero para depositar allí el dinero a pagar en los supuestos sobornos. Resaltó que en la primera declaración el arrepentido había dicho que subieron por la escalera y que luego sostuvo que había sido en ascensor. «Cargar esa cantidad de dinero, por cálculo matemático, serían unos 50 kilos, ¿cómo pudo hacerlo solo? Según el código de trabajo de los empleados portuarios, un hombre puede cargar hasta 35 kilos; ¿y él pudo solo?, encima en una caja, sin manijas», sostuvo De la Rúa. Más tarde los abogados defensores recordaban que el departamento de Cantarero no tenía asignada una cochera en el edificio, en alusión al relato de Pontaquarto que hablaba de haber estacionado el automóvil por una larga duración de tiempo, lo cual sería inviable.

Luego de esta anécdota, Pontaquarto se levantó y abandonó los tribunales de Comodoro Py. Se lo vio incómodo durante la audiencia. Tal como ha comentado, no lo convence la idea de pasar de ser testigo estrella durante la instrucción a un acusado más. Un detalle: en ningún momento de su exposición De la Rúa lo llamó por su nombre o apellido, se refiere a él como «arrepentido» o a lo sumo «secretario».

En la primera etapa de su exposición realizó un análisis político de su Gobierno. Criticó a Hugo Moyano por «agitar la idea de corrupción antes de que se votara la ley de reforma laboral» y a Antonio Cafiero por «hacerse el confundido respecto de su voto favorable para la ley». De los miembros de su administración posó la mirada sobre el exjefe de Gabinete Rodolfo Terragno. «Le agarró el síndrome del alejamiento», expresó con gesto irónico al indicar que cuando comenzaron las sospechas sobre el Gobierno tomó distancia y dio muestra de una «falta de ética». Luego descargó contra el exvicepresidente Carlos Chacho Álvarez: «Le jugó en contra haber renunciado, este Gobierno trató de llevarlo como canciller, pero cuando Kirchner vio lo mal que venía su imagen, dio marcha atrás, la gente nunca le perdonó esa renuncia». No dudó al momento de reprochar a la cúpula de la Iglesia y de la Sociedad Rural durante el último Gobierno de la UCR: «Se reunían conmigo y después salían a criticarme con los periodistas».

El periodista Joaquín Morales Solá, quien escribió antes que otros de los supuestos sobornos, también fue mencionado en anécdotas. El exmandatario comentó que el periodista nunca logró probar sus versiones de que existían coimas y que en cierta ocasión, cuando lo visitó en su programa de televisión, le dijo en tono sorprendido: «Doctor, nunca me imaginé que por esto se iba a armar tanto lío». De la Rúa sonrió con ironía y remató, ya como una suerte de monólogo stand-up: «Lástima que el juez Rafecas se entusiasmó tanto con Morales Solá durante la instrucción».

Luego recordó al exsenador radical Genoud como «una persona honesta y que tomó la decisión de quitarse la vida por una cuestión de salud, no por este escándalo». A diferencia de Cantarero, quien no está presente en el juicio por incapacidad psíquica, se trataba de un imputado clave para los jueces del tribunal, Guillermo Gordo, Gerardo Larrambebere y Miguel Pons ya que les hubiera interesado escuchar su versión sobre situaciones que Pontaquarto ha descripto.

El próximo en declarar, luego de las preguntas de las partes a De la Rúa, será Fernando de Santibañes. Ayer, en el cuarto intermedio, fue el primero en abandonar la sala y se dirigió a sus colaboradores: «¿Y, señores?, ¿Qué les parece? Vamos muy bien y miren que el próximo soy yo», sonrió pícaro el exjefe de los espías.

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