Sobornos: De la Rúa con táctica ofensiva

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Fernando de la Rúa ya definió su estrategia en la etapa inicial del juicio oral por los presuntos sobornos en el Senado: no hacer pedidos de nulidad sobre el proceso de instrucción y declarar apenas se le presente la oportunidad. Incluso, si los tiempos de las audiencias lo acompañan, espera poder hacerlo esta semana. El fin de semana hubo contactos entre los abogados defensores: se habló de estrategia, pero también de política. Mientras tanto, en los despachos de Comodoro Py, el expresidente reúne distintos apoyos.

El debate se inició la semana pasada con la lectura de los requerimientos de elevación a juicio. Ahora el Tribunal Oral Federal número 3 espera avanzar con las indagatorias. El primero será Pontaquarto, quien ya ha adelantado que no postergará su declaración. Luego tendrá su oportunidad De la Rúa. Para esto el expresidente mantendrá su estrategia: dirá que toda la instrucción está basada en el testimonio del «arrepentido», una persona de dudosa credibilidad y que viene de ser condenada por presunta estafa con viáticos del Congreso.

De la Rúa confía en una defensa activa. Declarará todas las veces que sea necesario y, por el momento, insiste en participar de las audiencias. En el TOF número 3 no hay dudas de que se trata del acusado que mejor conoce el expediente. Durante el último año concurrió en reiteradas ocasiones al séptimo piso de los tribunales de Retiro sólo para acceder a la causa, repasarla y hacer anotaciones.

El equipo de abogados del exmandatario ya ha repartido sus tareas. Mientras la estrategia y el estudio del expediente corre por parte de Jorge Kirszenbaum, la táctica es orquestada por Valeria Corbacho, una letrada habituada a tramitar casos en la Justicia federal en lo penal y que en el último tiempo se ha acostumbrado a las causas de alto voltaje político: representa al espía Ciro James en la instrucción del presunto espionaje ilegal en el Gobierno porteño y al maquinista Marcos Antonio Córdoba en el caso de la tragedia ferroviaria de la estación Once.

En los últimos días hubo distintos contactos entre los abogados defensores. Se trata de un grupo dispar ya que conviven allí desde defensores oficiales hasta letrados de cotizados estudios penalistas como es el caso de Diego Pirota (representa a Fernando de Santibañes) o Hugo Worthman Jofre (Pontaquarto). Uno de los temas de conversación es la comparación con el juicio oral que se lleva a cabo en paralelo por la muerte del activista Mariano Ferreyra. Allí, resaltan, los abogados han acordado estrategias en común, una de ellas, separarse del acusado de haber efectuado los disparos.

La conversación también es política. Allí vuelven las comparaciones con el juicio por el crimen de Ferreyra. Todos los defensores aceptan que el debate oral por los supuestos sobornos puede durar hasta diez meses mientras que la otra causa -no muy distinta en cantidad de testigos y acusados- podría finalizar en marzo del año próximo. Entienden que esto será así porque el Gobierno tiene explícito interés en una resolución pronta. Algo que no sucede en el expediente en el cual ellos se desempeñan.

Como suele suceder en los juicios que involucran a figuras de la política, en Comodoro Py ya se juega un torneo de preferencias entre jueces, camaristas y fiscales. En ese certamen, que combina conocimientos propios del Derecho con referencias ideológicas y no pocos datos de ocasión, De la Rúa sale bien posicionado, no tanto por méritos propios sino porque la figura de Pontaquarto está sumamente desprestigiada en la Justicia Federal, en especial a partir de que el mismo tribunal lo condenara por el supuesto de no haber rendido viáticos luego de un viaje a Portugal, cuando era secretario de Relaciones Parlamentarias.

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