Sobre un secreto, con la precisión de un cuento

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"El secreto de Lucía" (Argentina, 2014). Dir.: B. Garello. Guión: G. Maglie, B. Garello. Int.: C. Belloso, E. Attias, T. Pozzi, A. Navarro, R. Carnaghi, A. Bonin, M. Vicente, N. Sibara, L. Gandolfo, J. Benvenutto, R. Guilligan.

Un buen cuento debe tener un comienzo atractivo, causar intriga, envolver a quien lo sigue, llevarlo a aceptar por unos momentos la lógica de su mundo, y rematar todo con una sola frase, una sorpresa, bien contundente. Y que además, si es posible, produzca regocijo y satisfacción. "El secreto de Lucía" cumple con esas pautas, y con varias otras.

Buenos Aires, capital y provincia, y ciudad de Chacabuco, hace menos de medio siglo. Ya alguien nos introducirá en el asunto. Digamos que, básicamente, intervienen un falso ventrílocuo, su falso muñeco, y una mujercita, cantante de cierto mérito, que no será falsa pero algo esconde. Participan también algunos dueños de salas, un antiguo enamorado (buen partido) con su empleado cómplice, un padre vigilante, público de diversos niveles. A partir de toda esta gente, la cosa se va complicando y tensando. Hasta que al final, en apenas cuatro palabras y una linda escena, se nos revele lo que más queremos saber, precisamente para nuestro regocijo, aunque quizás algunos personajes no compartan igual sentimiento.

No corresponde contar más. Becky Garello, experto en servicio de cámaras y trabajos en alta definición con años de experiencia, para probarse como director decidió tener buenos respaldos. Primero y principal, una buena historia y un libreto sin fisuras. Pocas personas más indicadas para eso que Graciela Maglie, que fue coguionista de "Nueve lunas", "El viento", y varias otras piezas de Mignogna, Jusid, Bauer, el sello Aries. Y así cada rubro, con Ivan Wyszogrod en la música, Eugenia Levin como directora de casting, etcétera. Del buen ojo de esta última salió la fórmula del elenco, donde destacan, por justas razones, Emilia Attias y un muchacho que trabaja mayormente en España y, de seguir así, va para Actor con mayúsculas: Tomás Pozzi.

Podría objetarse, seguramente, la altura del muñeco, la contradicción entre el flojo repertorio del ventrilocuo y su inesperado éxito, y alguna otra cosita, pero cabe recordar que estamos frente a un cuento que tiene su propia lógica, nos intriga, nos envuelve, y termina como debe. Vale la pena.

P.S,

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