| El teatro porteño ha ido perdiendo poco a poco sus compartimentos estancos. Así lo demuestra el recorrido de esta pieza de Santiago Loza que fue concebida en el circuito off Corrientes en 2008, triunfó en festivales (interpretada por María Merlino) y que ahora acaba de reestrenarse en una sala comercial con el protagónico de Soledad Silveyra y coproducción del Complejo Teatral de Buenos Aires. |
Alejandro Tantanián, responsable de este nuevo montaje, tuvo contacto con el material en un semi-montado del Ciclo Teatrísimo, a beneficio de la Casa del Teatro, del que participó la actriz en el papel de la frágil costurera que se debate entre complacer a su admirada Libertad Lamarque o satisfacer el capricho de Eva Perón que desea el mismo vestido.
No viene al caso comparar la presente versión con la que dirigió anteriormente Diego Lerman; sólo cabe señalar que Tantanián eliminó de su puesta todo signo costumbrista (salvo en el vestuario) confiando en la elocuencia del texto.
Al igual que en otros monodramas de Loza ("La mujer puerca", "Todo verde") el testimonio de esta mujer sencilla trasciende sus circunstancias y brinda una mirada sobre el mundo, fresca, conmovedora y cercana al abismo.
El espacio escénico, ideado por Graciela Galán, es un reducido cuarto sin ventanas en el que sólo hay una silla. Esta exquisita instalación plástica parece flotar en el espacio adquiriendo por momentos una textura tornasolada. Los sugerentes cambios de luces van segmentando el extenso monólogo que Silveyra lleva a buen puerto con ternura, humor y una indefinible melancolía.
Este es uno de sus mejores trabajos para la escena, ya que además de encarnar un perfil de época muy creíble, la actriz carga de emoción y de espiritualidad un discurso que ya de por sí enaltece el alma femenina.


Dejá tu comentario