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Sólo existe un cianuro
Así surge, sin lugar a dudas, del eslogan: «No a la minería con cianuro a cielo abierto».
De acuerdo con esta diferenciación explícita, tendríamos que aceptar que, cuando el mineral procede de una mina explotada en subterráneo, el cianuro utilizado en el molino ya no sería contaminante. Semejante absurdo sólo puede ser el fruto de un rotundo desconocimiento sobre aspectos fundamentales de la industria minera, o bien de una perversa intención de confundir a ciudadanos poco versados, en un tema que puede parecer riesgoso, dados los antecedentes del producto químico en cuestión, según cuando leemos en las novelas o vemos en películas policiales.
Un mismo mineral puede ser extraído del cerro según diversos métodos de explotación o «arranque», los que podemos clasificar de modo muy general en «subterráneos» o «a cielo abierto».
El mineral siempre es el mismo y el molino de concentración también, ya que el método utilizado para su arranque dependerá básicamente de las características geométricas del yacimiento, y no tanto de su contenido mineralógico. En ocasiones ocurre, además, que durante la vida de la mina se pasa de un método a otro según varían las características del yacimiento o, también, cuando el cielo abierto llegó a profundidades que hacen antieconómica su continuación. Y el molino concentrador es siempre el mismo, a veces con pequeñas variaciones en el circuito, que se va ajustando en caso de aparecer nuevos acompañantes del metal beneficiado.
En San Juan tenemos varios ejemplos de minas que concentraban el mineral extraído del cerro, con métodos subterráneos, para luego procesarlo en el molino mediante soluciones cianuradas: Castaño Nuevo, Hualilán, Caledonia, Albión y otras en Marayes, de modo similar a las operaciones actuales en Farallón Negro y el Alto de la Blenda, en Catamarca.
Sobre la base de los dichos de los pregoneros del caos ambiental, se trataría en estos casos de un «cianuro bueno», quizás porque en décadas de trabajo jamás se produjo accidente alguno, que pusiera en riesgo a las poblaciones ubicadas a muy corta distancia.
En cambio, en explotaciones a cielo abierto, como las numerosas del norte de Chile y sur del Perú o de Arizona, Colorado, Utah y Nuevo México, o de Australia y Nueva Guinea, además de La Alumbrera, en Catamarca, y Veladero, en San Juan, el cianuro de sus respectivos molinos, que químicamente es exactamente el mismo y se lo utiliza en un circuito de concentración exactamente igual al de los casos citados en el párrafo anterior, esta vez sería un «cianuro malo», potencialmente contaminador del medio ambiente aledaño.
No existen antecedentes sobre accidentes de tipo alguno provocados por el empleo de soluciones cianuradas en explotaciones mineras, tanto se trate de arranque a cielo abierto como en subterráneo, pese a los más de 100 años que se viene aplicando el tratamiento en molinos concentradores de minas auríferas, ni entre el personal operario ni, mucho menos, en los cultivos y poblaciones vecinas. Circunstancia que resalta aún más si se tiene en cuenta que la minería consume sólo un 11,5% del cianuro utilizado por las diversas industrias, con la enorme diferencia de que éstas se ubican en medio de las principales ciudades del país, mientras los establecimientos mineros se encuentran a decenas (y hasta cientos) de kilómetros de aquéllas. Es de lamentar que en la provincia, donde existe una universidad de la cual egresan los mejores especialistas de nuestro subcontinente, no se consulte a quienes más conocen de estos temas, antes de realizar campañas que sólo generan preocupación en una población que no necesariamente está obligada a conocer en detalle estos temas que inciden notoriamente en el desarrollo económico regional.
(*) Ingeniero en Minas. Profesor emérito de la Universidad Nacional de San Juan.


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