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Solución holandesa a la crisis: legalizar drogas
En Amsterdam, los coffee shops son la principal atracción, donde se ofrecen distintos tipos de marihuana y hachís.
La propuesta no proviene de un par de jóvenes bajo los efectos de la marihuana, sino de políticos de trayectoria y científicos. «Supriman la prohibición de drogas blandas y duras», exigieron en un comunicado publicado en el periódico NRC Handelsblad. De esta manera, subieron la temperatura previa a los comicios parlamentarios del 9 de junio.
Entre los impulsores se encuentran el ex ministro de Defensa Frits Bolkestein, del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD), conservador liberal, y la ex ministra de Salud Els Borst Eilers, de los Demócratas 66 (D66), liberales de izquierda. Muchos juristas, profesores universitarios y expertos en drogas se mostraron de acuerdo.
«La regulación del mercado de la droga ofrece una formidable posibilidad de alivio fiscal», argumentaron los defensores, quienes señalaron que los Países Bajos deben ahorrar 30.000 millones de euros para poner en orden un presupuesto estatal fuera de control por la crisis financiera. Todos los partidos hicieron propuestas en ese sentido, entre ellas, una reducción de los pagos a la Unión Europea y el recorte de medios para la integración de los musulmanes, como exigió el populista de derecha, Geert Wilders.
En otros países, semejantes propuestas desatarían gritos de indignación; en cambio, en la pragmática Holanda serán debatidas con objetividad. Sin embargo, por el momento tienen pocas posibilidades de concreción. El VVD, que está al frente de las encuestas, se retiró en 2008 de un proyecto que compartía con los Demócratas 66 y los socialdemócratas del Partido del Trabajo (PVDA) y que aprobaba la legalización de drogas blandas.
Los democratacristianos, el tercer partido más fuerte luego del PVDA, quieren intensificar todas las prohibiciones, aumentar las penas y cerrar todos los «coffee shops», que son alrededor de 730.
Según la opinión de expertos, esta política de tolerancia lleva a que bajo el pretexto de la cultura de los «coffee shops» crezca el crimen organizado. Por eso, el alcalde de Amsterdam, Job Cohen, abogó por la legalización de las drogas blandas.
Agencia DPA


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