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Sombrío panorama en Rusia: activistas continúan detenidos
Vladimir Putin
El capitán del Arctic Sunrise, Peter Wilcox -también fue rechazada su liberación- tiene experiencia en situaciones en que la seguridad estratégica no contempla límites de acción. En 1985 estaba a cargo del buque Rainbow Warrior, insignia de Greenpeace, cuando fue volado por dos cargas explosivas que colocaron tropas especiales francesas. El navío se encontraba amarrado en Nueva Zelanda y se preparaba para protestar contra los ensayos nucleares de Francia en el atolón de Mururoa.
La protesta de los 30 ambientalistas y del buque Artic Sunrise enfocó la atención global en una zona -el océano Ártico- donde existe una puja de intereses económicos por reservas de hidrocarburos, depósitos minerales, el control de una ruta marítima más corta que une el Atlántico y el Pacífico entre Europa y Asia, y que es alternativa al canal de Suez.
Disputas
Es una pelea de grandes actores que tratan de resolver las diputas en un organismo multilateral, el Consejo del Ártico, integrado por Canadá, Dinamarca. Estados Unidos, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia y Suecia. El 16 de septiembre, tres días antes de la protesta del Artic Sunrise, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció la reapertura de la base militar situada en las islas de Novosibirsk, en el océano Ártico, para garantizar la seguridad en la ruta marítima ártica, según consignó un cable de la agencia EFE.
La conflictividad de la situación llamó a silencio político a la Cancillería; en cambio, Héctor Timerman instruyó a sus colaboradores dar contención a los dos apresados y se está gestionando una autorización para que los detenidos en Murmansk reciban la visita de sus familiares.


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