- ámbito
- Edición Impresa
Sorprendentes últimas palabras de Steve Jobs
Steve Jobs
Sin embargo, como suele suceder en estos casos, también apeló a figuras idílicas para describir a su hermano, conocido no sólo por su genio creador, sino también por su mal genio.
La escritora -que conoció a Jobs ya de adulta- habló en la ceremonia en que se lo recordó. Dijo que su respiración denotaba «una ardua labor, un camino muy empinado, altura». Siempre quedará la duda si los admirados «wow» del genio de la informática fueron provocados por la visión de lo que tenía frente a sí o simplemente por su dificultad para respirar.
La ceremonia fue privada, se desarrolló el 16 de octubre en la iglesia Stanford Memorial, y recién ayer se conoció el texto del discurso de Simpson, que fue reproducido a página entera en The New York Times en un aviso pago por Apple.
Steve había sido adoptado por el matrimonio Jobs luego de que sus padres biológicos decidieran no conservarlo. Algunos años después su madre biológica se casó y tuvo una hija, Mona, que nació en 1957. Recién cuando tenía 25 años su medio hermano Steve -que había cumplido los 27 y ya era rico y famoso- averiguó su paradero y quiso conocerla, y desde entonces mantuvieron una relación estrecha.
«A pesar de ser feminista, toda mi vida esperé a un hombre a quien amar y que me amara. Durante décadas pensé que ese hombre sería mi padre, pero cuando tenía 25 años conocí a ese hombre y era mi hermano...», dijo Simpson.
La literata sorprendió al revelar que «mi hermano parecía una nena por el tiempo que pasaba hablando del amor», para agregar que había sido uno de los padres más amorosos que conoció. «El amor era su virtud suprema, su dios de dioses. Averiguaba y se preocupaba por la vida romántica de toda la gente que trabajaba para él», aseguró.
Dijo también que él había encarado su pelea contra el cáncer de páncreas que se le detectó en octubre de 2003 con «intensa emoción», y que había pasado sus momentos finales acompañado de su familia en el Palo Alto Hospital, contemplándolos a todos con amor. Cuando llegó su hora, agregó, «miró por encima de nuestros hombros, como a la distancia, y dijo sus tres frases finales: «Oh wow, oh wow, oh wow...».
Seguramente sus últimas palabras no tendrán el efecto de otras como las (seguramente) imaginarias «Muero contento: hemos batido al enemigo» del sargento Juan Bautista Cabral, o las del rabino mártir Akiba Ben Yosef, que mientras era quemado en la estaca junto con el Pentateuco, dijo «El papel arde, pero las palabras vuelan en libertad».
Quizás estén más emparentadas con las de Ludwig van Beethoven («Qué pena, qué pena; demasiado tarde...») o las de Humphrey Bogart, quien dijo «Apuráte» a su esposa Lauren Bacall, que había salido brevemente a hacer compras (cuando regresó lo encontró muerto). Lo cierto es que Jobs no necesitó de una frase célebre para pasar a la historia: no hay registro de cuáles fueron las últimas palabras de Leonardo da Vinci...


Dejá tu comentario