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Sorpresa y media
El Tano ya no es más el Director Nacional de Alto Rendimiento de la Unión Argentina. Una noticia que causó conmoción
Baja. Con la salida de Marcelo Loffreda el rugby argentino pierde credibilidad internacional.
Como algo cíclico, en la cercanía de Mundiales siempre suele haber cismas o cambios de rumbo que marcan que el enfoque no está ciento por ciento en el juego mismo.
Repasemos: RWC 1991 y RWC 1995 con cambio de entrenadores dentro del año calendario anterior; en el último entrenamiento previo a RWC 1999 en una húmeda tarde en Liceo Naval, se definió que Alex Wyllie sería el entrenador en Gales. Diez meses antes del comienzo de la gesta que conduciría a la medalla de bronce en el 2007, en una madrugada romana, se evitó una segunda huelga Puma que hubiera significado no jugar contra Italia 36 horas más tarde.
Claro, la culpa de estas situaciones no es de Loffreda, sino de este rugby tan especial que renueva errores cuando todo debería apuntar al objetivo único y primordial: llegar al Mundial de la mejor manera posible.
El desembarco de Loffreda en la UAR había sido anticipado el 11 de mayo en estas mismas páginas cuando el ex capitán de Los Pumas dijo: El cargo es algo que hay que definir pero sería siempre cerca del pasto. Me interesa estar cerca del juego, de los entrenadores, poder volcar lo que pueda.
La misma UAR informó el 4 de junio que Loffreda había sido designado (en realidad contratado) para coordinar y supervisar las distintas áreas del Alto Rendimiento, los Seleccionados Nacionales y los Centros de Alto Rendimiento.
La gacetilla decía: Además, Loffreda será quien establezca, junto con los responsables de cada área, los estandartes técnicos, tácticos y físicos para los jugadores, previendo que cuenten con las mejores herramientas posibles para que alcancen su máxima excelencia. Los objetivos primordiales del nuevo director nacional junto a dirigentes, entrenadores y managers, serán seguir manteniendo competitividad y enfocarse en la Copa Mun-dial de 2011. A partir de allí, apuntarán a tratar todo lo que respecta a la inclusión de Argentina en el torneo Cuatro Naciones, buscando llegar a estar a la altura de las circunstancias cuando esto ocurra.
Siete meses después, no fue lo que se confiaba podría ser.
Al momento de entrar a ocupar sus funciones, Loffreda se enteró de que Les Cusworth, mano derecha suya en sus tiempos como coach nacional, sería cesanteado de su cargo como Director Nacional de Coaching. Dicen desde adentro de la UAR que la forma podría haberse cuidado un poco, pero ese fue un choque instantáneo que puso la relación en rojo desde el principio.
En función de lo pedido, el inglés se mantuvo en su puesto unos meses más, pero también terminó dejando la institución.
Loffreda, que se encontraba en la costa argentina y prefirió no atender a alRugby.com, chocó con la misma estructura que él debía potenciar. No tuvo auto-nomía; cada decisión que tomaba debía pasar por la SRAR, explicaba un viejo conocido de Loffreda. Eso frustraba mucho al Tano que es alguien que sabe lo que hace.
A la hora de su incorporación, Manuel Galindo, hombre fuerte de la UAR y presidente de la SRAR, manifestó: Estoy convencido que (Loffreda) es la persona indicada para esta función ya que volcará su abundante experiencia en rugby de alta competencia, muy necesaria para transitar el camino con vistas a la Copa del Mundo y al torneo Cuatro Naciones.
La incorporación de Marcelo es un paso más en la planificación de la concreción de nuestros objetivos. Queremos darle estructura y un marco al alto rendimiento, similar al de los mejores seleccionados del mundo.
Del dicho al hecho hubo trechos de difícil relación que generaron focos de conflicto que no aportaron al control del juego. Si bien Loffreda aportó su experiencia -además de la rugbística fue Gerente de Ventas en una empresa multinacional y es ingeniero de formación- su mano no fue evidente.
El crecimiento deportivo es lento y requiere de mucho esfuerzo. Loffreda terminó cumpliendo un rol más burocrático, más administrativo que él mismo ambicionaba. Su lugar físico eran las oficinas de coaching del anexo del San Isidro Club, su SIC, donde la UAR tiene el Centro de Alto Rendimiento de Buenos Aires. Su compromiso laboral fue fiel a su personalidad: entrega total.
Salvo que Santiago Phelan le pidiera, Loffreda mantuvo el respeto que la investidura del head coach de Los Pumas tiene. A pasos del verde césped, Loffreda supo ocupar su lugar en las oficinas.
Entonces, si no aportaba desde el juego y en el tema organizativo tampoco podía avanzar por las trabas que iban surgiendo, el cóctel explosivo estaba listo. Más de una vez pensó en irse; más de una vez se quedó. Hasta finales de enero, cuando en la noche del miércoles 26, después de una reunión tensa en las oficinas de la UAR en Capital Federal, se optó por separar los rumbos. La relación estaba ya muy desgastada.
La información se filtró el jueves a la mañana a través de tackledeprimera.com y la UAR debió salir con un comunicado pocas horas después que intentaba explicar el fin de la relación contractual. Allí está la versión oficial de la UAR y todos los consultados refirieron a la gacetilla en cuestión.
Es real que Loffreda había convenido originalmente seis meses para luego definir su continuidad. Evidentemente sabía lo que le esperaba. Lo que nunca quedó claro en Loffreda o la UAR, generando la eventual renuncia, fue su rol y que atribuciones venían con el mismo.
¿Qué pierde el rugby argentino con la salida de Loffreda y en menor medida de Cusworth? Credibilidad internacional. La confianza que ambos tenían y que generaban tanto afuera como dentro del país. De la misma manera, la estructura de la UAR ya estaba definida y hay que seguir avanzando, sentenciaba alguien que entiende como suceden las cosas en la UAR.
El rugby avanza y no se puede perder tiempo. El tiempo dirá si Loffreda regresa o no. Sus perga-minos y medallas merecen un futuro dentro del rugby. Para entonces, habrán entendido todos que lo que importa es el rugby.


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