Como ha venido ocurriendo desde hace tiempo, cuesta elaborar un reflejo de la realidad que sugiera un panorama optimista y brillante a corto o mediano plazo. A lo más que podemos llegar, basándonos en los últimos datos económicos y sociales, es a un escenario entre cauto y levemente mejor al actual. Un ejemplo de esto lo tuvimos el viernes con los anuncios que el número de viviendas recién construidas que se vendió en agosto fue el segundo más bajo desde que se llevan las estadísticas (cada nueva vivienda significa agregar 3 empleos a la economía durante un año y u$s 90.000 en nuevos impuestos), la quiebra de dos bancos en Florida y Washington que lleva el total de entidades caídas para lo que va del año a 127 (a esta altura en 2009 el FDIC había cerrado 95 bancos) y la intervención de otras tres cooperativas de crédito (con esto las cinco cooperativas más grandes del país quedan en manos del Estado, que pasa a manejar una cartera tóxica de u$s 50.000 millones). A pesar de esto (la mejor noticia de la jornada fue la exitosa colocación de Petrobras en Brasil, a lo que podemos sumar el incremento de la confianza comercial en Alemania y la recomposición de las órdenes de bienes durables a nivel local) el Dow trepó el 1,86% el viernes para cerrar en 10.860,26 puntos (cerró así la cuarta semana consecutiva de suba, al ganar el promedio industrial el 2,4%), mientras el NASDAQ avanzaba un 2,33% y el índice Russell 2000 volaba el 3,42%. Si bien el comportamiento de los distintos índices y el incremento del volumen durante la última rueda (1.070 millones de acciones en el NYSE) hablan de una clara compra de riesgo por parte de los inversores. No debemos perder de vista que lo operado el viernes estuvo un 14% por debajo del promedio para lo que va del año.
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