La jornada fue o un ajuste a las cuatro semanas previas de baja, o una apuesta a favor de los balances por difundirse en estos días; o, si se quiere, un poco de cada uno de estos argumentos. El problema para establecer una línea unívoca para justificar el 2,27% que ganó el Dow al cerrar en 8.331,68 puntos es que el sector estrella de la jornada fue el financiero (el JP Morgan subió un 7%, y el BofA, un 9%), que es a la vez uno de los más "retrasados" en los últimos días y de los que están presentando estados contables significativos. Complicando un poco más el análisis, fue evidente la cobertura de posiciones vendidas sobre las acciones de las empresas intermediarias del dinero, que se dio luego de que los analistas de MWAG proyectaron una suba del 15% para el sector y aconsejaron "comprar Goldman". Si no hacemos más hincapié en esto último, es porque hubo otras subas significativas y porque tanto el S&P500 como el Nasdaq cerraron con subas superiores al 2%, lo que permite hablar de una suba generalizada para una jornada casi carente de noticias. Tal vez lo más interesante del día fue que a pesar de la baja de los commodities, las empresas más vinculadas a estos productos no tuvieron una mala rueda. De todas formas, la suba del oro (1,1% a u$s 922,2 por onza), la de las tasas más largas (3,36% a 10 años) y las relativamente modestas subas que tuvieron Intel y Johnson & Johnson sugieren que en el mercado siguen siendo muchos los que prefieren el camino de la prudencia. Con los números sobre la inflación mayorista, los de las ventas minoristas (junio) y los de los inventarios (mayo) revelándose en apenas horas, sumándose al fárrago de balances que se deberán analizar, y la posibilidad que la suba de ayer fuera demasiada, tal vez esto (la prudencia) no sea tan mala idea.
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