28 de noviembre 2016 - 00:28

Sugiere Trump que dará marcha atrás en el deshielo con Cuba

Estados Unidos supeditará la normalización a improbables medidas de La Habana. “No habrá un entendimiento de una sola vía”, prometen sus asesores.

FESTEJOS. La comunidad cubano-estadounidense celebró ayer por segundo día consecutivo el fallecimiento de Fidel Castro.
FESTEJOS. La comunidad cubano-estadounidense celebró ayer por segundo día consecutivo el fallecimiento de Fidel Castro.
Washington - El futuro de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana quedó bajo un espeso manto de dudas ante la posición anticipada ayer por allegados y figuras del equipo del presidente electo, Donald Trump, en contra de una mayor apertura si no se producen antes más concesiones cubanas.

Separados por medio siglo de enfrentamiento y desconfianza, ambos países iniciaron en 2014 una histórica aproximación, aunque la llegada de Trump a la Casa Blanca deja en el aire todo el delicado proceso. La muerte del líder cubano Fidel Castro, ocurrida en la noche del viernes, llevó a numerosas voces próximas al presidente electo a manifestarse sobre el futuro del vínculo.

El sábado, Trump emitió una nota oficial en la que afirmó que su administración "hará todo lo que pueda" para garantizar la "prosperidad y libertad" de los cubanos, pero sin adelantar detalles acerca de cómo conseguirá esos objetivos.

Kellywanne Conway, una de las más próximas asesoras de Trump y su exjefa de campaña, dijo ayer a la prensa que el núcleo de la visión del mandatario electo sobre la reanudación de las relaciones con Cuba es que Washington no logró concesiones reales de La Habana.

"Su crítica a lo que ha ocurrido en los últimos dos años es simple, y es que no conseguimos nada a cambio" del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, dijo.

Por ejemplo, añadió Conway, "no tuvimos ninguna garantía de que los cubanos que aún viven en la isla tendrán de hecho libertad religiosa, política y económica".

El futuro jefe de gabinete de Trump y presidente del Partido Republicano, Reince Priebus, dijo ayer a la prensa que "debemos conseguir un mejor acuerdo" con Cuba, y evitar "un entendimiento de una sola vía".

Dos senadores republicanos y excandidatos presidenciales que ahora apoyan a Trump, Marco Rubio y Ted Cruz (ambos hijos de cubanos), también se manifestaron a favor de que la Casa Blanca pise el freno en la normalización con Cuba.

Rubio, quien en la interna republicana tuvo ásperos cruces con Trump, expresó que el mandatario electo "dejó claro que él siente que los pasos del presidente (Barack) Obama hacia Cuba fueron equivocados".

Trump anticipó que "revisará esos pasos y cambiará lo que sea necesario cambiar. Yo pienso que esa visión es promisoria", dijo Rubio.

A su vez, Cruz se pronunció en favor de mantener el criticado embargo comercial a la isla, medida cuya eliminación depende del Congreso.

"La presión económica estaba teniendo un efecto real", agregó ayer Cruz.

Con los republicanos en control de las dos cámaras del Congreso, las posibilidades de que el Legislativo inicie el desmonte de la maraña legal del embargo se tornan más remotas.

En el último año, Obama introdujo algunas flexibilizaciones al embargo mediante decretos presidenciales, pero ya en la campaña electoral Trump sugirió que, una vez en la Casa Blanca, podría cancelarlos para retornar a la situación previa.

El legislador conservador Michael McCaul, líder de la Comisión de Seguridad Interna de la Cámara de Representantes, apuntó en una nota que se sentía "confiado en que la nueva administración repensará esta política de aproximación" a Cuba.

Al expresar sus condolencias al pueblo cubano por la muerte del viejo líder revolucionario, el Gobierno de Obama intentó reforzar el compromiso de la Casa Blanca con la actual política de aproximación.

El presidente saliente extendió el sábado "una mano de amistad" a los cubanos y defendió la actual política, basada "no en nuestras diferencias sino en las muchas cosas que compartimos como vecinos y amigos".

En tanto, el secretario de Estado, John Kerry, afirmó categóricamente en su mensaje que "Estados Unidos reafirma su apoyo a la profundización de nuestro compromiso con el pueblo cubano, hoy y en los próximos años". Ese compromiso podrá tornarse parcialmente obsoleto el 20 de enero, cuando Trump jure, aunque analistas apuntan que el momento es propicio para normalizar las relaciones con Cuba.

Para Geoff Thale, del grupo de análisis Washington Office on Latin America (WOLA), "aún no está claro si la administración de Trump tendrá un abordaje pragmático de las relación con Cuba". No obstante, añadió, la desaparición de Fidel Castro hará que "los cada vez menores grupos que defienden el embargo pierden la más simbólica figura que justificaba" esas medidas.

"Un retroceso en el proceso de normalización significará que Estados Unidos se aislará nuevamente mientras Cuba se sigue moviendo hacia una reforma política y económica", apuntó Thale.

Agencias AFP y DPA

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