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Suma de clichés a prueba de buenas actrices
Jessica Lange, Kathy Bates y Joan Allen, las tres buenas intérpretes encorsetadas en los estereotipos de la insostenible «Siempre amigas». Junto a ellas, Tom Skerritt.
Marvilla, la viuda, es Jessica Lange, Kathy Bates es la simpática pero escéptica -especialmente en cuestión de hombres- Margene, y Joan Allen, la mormona Carol. Vale decir tres buenas actrices encorsetadas en macchietas irremontables al servicio de un guión ñoño y plagado (pocas veces tan merecida la palabra) de clichés. También para copiar a otros hay que tener talento, evidentemente. Eso sí, si algo cumple «Siempre amigas» es el ABC del género road movie: todas están muy cambiadas al cabo del viaje.
Marvilla en realidad no quiere llevar las cenizas donde está obligada a llevarlas por puro capricho de la hija del muerto, y todo el tiempo se comporta en consecuencia. Vale decir que el espectador «adivinará» infaliblemente lo que hará cada vez para evitar llegar a destino. A diferencia de Thelma y Louise, las protagonistas prácticamente sólo encuentran gente de bien en su camino, incluido un joven mochilero que es la antítesis de Brad Pitt, y un caballeresco camionero que se enamora seriamente de una de ellas (lector, adivine cuál). Para no salirse de registro, o acaso por pura torpeza nomás, la única escena violenta entre tanta bonhomía se resuelve con un humor a la Tarantino, digamos, en una ridícula escena que las actrices juegan, como todo el resto, con un espíritu enternecedor.
N.G.

