Susana Giménez y Antonio Gasalla como Mamá Cora en un encuentro clásico, sólo que ahora -según la conductora, por culpa de la competencia- más chabacano que nunca.
Como Marcelo Tinelli, Susana Giménez conduce el mismo programa hace 20 años, con leves innovaciones como el baile del caño (Tinelli) o el hombre al horno (Giménez), pero siempre centrados en referencias propias, en el actuar complicidad cómica o sorpresa con el equipo y, sobre todo, con el público. Ambos celebran este año la vigésima temporada y acentuaron aquello que solía funcionarles.
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Antes de comenzar su nueva temporada, Giménez expresó en entrevistas que «podría hacerse una TV de calidad o cultural, pero si me compiten con minas en bolas, ¿qué puedo hacer yo?». El resultado estuvo en pantalla el domingo. Susana, presionada por el entorno, renunció a la cultura, y su debut menos sutil que nunca acusó un rating que le dio la razón: 32.8, el más alto de los últimos años.
Abrió el ciclo que llaman «SG», a secas, sin su clásico musical sino con un sketch al estilo de la TV de Carlos Parciavalle o Tato Bores. Hasta la estética fue antigua, a juzgar por su look ochentoso y un teléfono con cable. Giménez interpretó a una empleada de la «Asociación quejarte, donde quejarte es un arte», quien conversaba con un hombre que había medido el rollo de papel higiénico «¿Y que le dijeron cuando se quejó porque era corto, ¿lo mandaron a cagar? Bueno dígale que no puede porque no le alcanza el papel». Se preocuparon de destacar que el autor del sketch era Daniel Mañas. Además, ni siquiera era algo nuevo: en los años 80, la fenecida revista «Humor registrado» había hecho una divertida campaña sobre el fraude de los «74 metros». Desde luego, con mucha más gracia y elegancia.
En la apertura, ofreció un monólogo donde decía regresar porque extrañaba al público, enfrentada a una niña que le recitó «quiero ser como vos, Susana». También como Tinelli, tuvo en el debut a Antonio Gasalla y Guillermo Francella. Le confesó a Mamá Cora que no usaba bombacha, que sus medias transparentes la ayudaban y se horrorizó cuando la abuela habló de la «cuevita». Se explayó luego en la repetida confesión sobre Jorge Rama, con la reiteración de que así está bien, sola y tranquila, que duerme atravesada en la cama, que no sufrió por la separación y que la ruptura fue telefónica. «No hubo ni cenicero ni palangana», remató Mama Cora.
Mal que le pese, Susana recordó a veces a Mirtha Legrand: desde el recibimiento con ramos de flores hasta su relato sobre los amores del pasado, para concluir en que el sexo no le interesa «por ahora». La vacilación entre la mujer experimentada, bella y sexy se opuso a su insistencia en autodefinirse como señora madura cansada de los hombres «que tienen fecha de vencimiento». Quizá en esta indecisión haya que buscar la enorme identificación que tiene con ella una gran parte de la audiencia femenina que compone sus 32.8 puntos de rating.
Otros puntos críticos del debut (según Giménez iba a tener sabor a superproducción de TV italiana) fueron los invitados sorpresa. Se trató de dos abonados del canal, Diego Ramos y Maru Botana (antes Carla Peterson y Mike Amigorena) o el intercambio de gentilezas con Oscar Gonzalez Oro. El animador de radio siempre la entrevista, con lo que él volvió a jugar al truco con ella. Igual que Adrián Suar ayer, quien accedió a almorzar con Mirtha Legrand, pero terminó ofreciéndole una participación en alguna tira de «Polka». Favor por favor se paga, más en TV.
A nivel producción se destacaron los invitados Soledad Pastorutti, Chaqueño Palavecino y Los nocheros, el fragmento musical de cierre con el «Fantasma de la ópera» y la entrevista a Shakira. La novia de Antonito De la Rúa le había enviado un avión a Susana cuando descansaba en Miami, pues mediante el reportaje publicitaba su disco en la Argentina. Para completar la superproducción a la italiana se anunció una novedad en «SG»: la incorporación de Marley.
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