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Techint pidió más devaluación y anticipa crisis ‘‘larga y profunda’’
Paolo Rocca, durante su disertación ayer con la que se clausuró el seminario para pymes organizado por el grupo Techint. Se quejó del comercio desleal de Brasil y China.
El empresario, uno de los más influyentes del país, habló en el marco del Seminario Propyme que organizó su grupo. Este evento desde hace siete años es la tribuna elegida por Rocca para hacer lo que viene siendo su única aparición pública anual.
El primer tramo de su mensaje lo dio acompañado por el secretario de Industria, Fernando Fraguío, y la segunda parte por casi toda la plana mayor del grupo que comanda: Daniel Novegil (CEO de Ternium), Martín Berardi (CEO de Ternium Siderar Argentina), Carlos Ormaechea (CEO de la petrolera
Tecpetrol) y Luca Zanotti (de Exiros, la empresa que compra «todo» para las subsidiarias del holding).
Rocca había invitado al jefe de Gabinete, Sergio Massa, y/o a la ministra de Producción, Débora Giorgi. La funcionaria se excusó aduciendo que recién había aterrizado de su viaje a Rusia; y sobre Massa no se dieron explicaciones. Sin embargo, esta ausencia de funcionarios de primer nivel y la brevísima presencia de Fraguío probarían que las relaciones de Rocca con el Gobierno no atraviesan su mejor momento.
Y si bien no hizo alusión alguna a la confiscación de Sidor por parte del régimen chavista, empresa por la que aún no cobró ni un dólar, es un hecho que la falta de apoyo explícito de la administración Kirchner al principal grupo empresario nacional en su hora más complicada provocó resquemores que aún perduran.
Después del «paro cardíaco» del 15 de setiembre, con la caída de Lehman Bros., en toda la economía va extendiéndose la crisis a todos los sectores y países. Techint también está expuesta, porque Ternium y Tenaris dependen de la demanda industrial.
La extensión de la crisis es gradual, pero inevitable, y será profunda y prolongada. Nunca vimos un cambio de expectativas tan súbito; por eso la crisis es de dimensiones comparables a las peores del siglo pasado, y su extensión ya se percibe.
Ya falta crédito para el consumo; los consumidores están ahorrando en lugar de gastar... Por eso no va a revertirse a corto plazo. Y pegará sobre el crédito, el valor de los activos de las empresas y hasta el crédito soberano de los países.
Esta crisis súbita y prolongada, ¿cómo va a impactar sobre la Argentina? Hay una gran incertidumbre sobre el efecto que tendrá la caída en el precio de las materias primas, pero ya está afectando la dinámica económica.
La Argentina no va a poder aislarse del impacto; los precios de las exportaciones están bajando y a eso se suma la mayor agresividad de las importaciones. Pero como la relación crédito-PBI es menor que en otros países (el 12% contra el producto de Estados Unidos o Europa), el impacto de la caída del crédito será menor y el de las medidas del Gobierno para recuperar el consumo será mayor que en esos países.
Si esas políticas consiguen devolver la confianza a los empresarios y a las familias, podremos contener los efectos de la crisis, pero 2009 será muy complicado y también los años futuros: va a llevar tiempo que el consumo retome el nivel actual.
Nos enfrentamos a un comercio desleal de Brasil y China, y es importante combatirlo y contar con un tipo de cambio competitivo, sobre todo de cara a la devaluación brasileña.
La Argentina no puede salir al exterior, pero sí defender nuestro mercado interno. El balance comercial de manufacturas de origen industrial de Brasil y China genera un déficit para nuestro país de u$s 15 mil millones, equivalente al 25% de nuestro PBI industrial, cuando pocos años atrás sólo era del 3%.
El impacto de este déficit es muy fuerte; Brasil devaluó y China tiene un gran excedente de capacidad de producción.
Es razonable que un país como la Argentina tenga algún tipo de retención al campo, pero debe ir acompañada de políticas de apoyo al sector (créditos, transparencia). Esa, sin duda, es una asignatura pendiente del Gobierno. No sé cuál es el nivel adecuado para esas retenciones, pero hace falta una revisión integral de la política para el área: darle expectativas favorables, aún cuando la soja esté a u$s 300 y no a u$s 600.
Estamos postergando nuestros programas de inversión para no correr riesgos y preservar nuestro capital de trabajo.


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