27 de noviembre 2014 - 00:00

Teléfonos públicos, en vías de extinción

Los pocos teléfonos públicos que se ven en la Ciudad están destrozados y muchos no funcionan como consecuencia del vandalismo.
Los pocos teléfonos públicos que se ven en la Ciudad están destrozados y muchos no funcionan como consecuencia del vandalismo.
 El teléfono público está a pasos de extinguirse. Encontrar una cabina telefónica en plena Ciudad es una tarea casi imposible. El avance de los celulares tecnológicos, y el vandalismo los han llevado al olvido. Según datos del Gobierno de la Ciudad, en los últimos 10 años se redujeron en más de un 80%.

La explicación es lógica: en los últimos años se viene profundizando un cambio de hábito en los usuarios, que van relegando el uso de la telefonía pública para priorizar las comunicaciones móviles en función de la gran penetración de equipos celulares. Según explicaron desde Telefónica, los equipos de telefonía pública van dejando de ser considerados como una primera alternativa de comunicación.

Según las empresas responsables de las cabinas de teléfonos, no sólo disminuyó la cantidad de aparatos que pueden verse en las calles, sino que el uso de éstos es muy bajo. "Hay un decrecimiento muy importante en el tráfico de llamadas realizadas en las horas pico, mientras que por la noche los registros determinan que la actividad es nula", sostuvieron desde Telefónica.

Un dato no menor es la falta de mantenimiento que reciben estos viejos aparatos. No sólo el paso de los años ha producido inconvenientes para su correcto funcionamiento, sino que los equipos suelen ser blanco de hechos de vandalismo, lo que provoca la interrupción constante del servicio.

Según datos del Gobierno porteño, en 2004 había 10 mil teléfonos en todo Buenos Aires y los últimos registros daban cuenta de que quedaban sólo 1.700. Ahora, el número se eleva si se tiene en cuenta todo el territorio argentino. A octubre de este año, Telefónica contaba con 50 mil líneas de telefonía pública, semipública y locutorios en todo el país. La mayoría se ubicaba en hospitales y dependencias públicas.

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