3 de octubre 2013 - 00:00

Telón para la tragicomedia del solitario “Cavaliere”

El rostro de Silvio Berlusconi lo dijo todo ayer en el Senado: abandonado por su partido, su destino es la inhabilitación por fraude fiscal.
El rostro de Silvio Berlusconi lo dijo todo ayer en el Senado: abandonado por su partido, su destino es la inhabilitación por fraude fiscal.
Roma - Silvio Berlusconi está viviendo sus últimas bocanadas de gloria política ahogado en el marasmo que él mismo había pergeñado para evitar ser expulsado del Senado tras haber sido condenado en firme por fraude fiscal en el caso Mediaset.

El primer ministro de Italia, el socialdemócrata Enrico Letta, logró darle la estocada final con la inestimable ayuda del que fuera hasta ahora el delfín de "Il Cavaliere", el viceprimer ministro y titular de Interior, Angelino Alfano.

La primera estrategia de Berlusconi para posponer la reunión de la comisión del Senado, prevista para mañana para estudiar su expulsión, fue el anuncio de dimisión de los parlamentarios de su partido, el PDL, si se decidía la salida del senador. Un hecho que Letta lamentó ayer en su comparecencia ante el Senado para pedir el voto de confianza a su Gobierno tras los golpes bajos de Berlusconi, cuando relató que se enteró de esta amenaza mientras él se encontraba hablando de Italia ante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York.

Los nervios de Berlusconi, que decía no comer y no haber dormido desde hace más de cincuenta noches por la persecución a la que estaba siendo sometido por una "magistratura de izquierda", lo traicionaron al adoptar una decisión a todas luces contraria no sólo a los intereses de Italia sino a los suyos propios, cuando "invitó el sábado por la tarde a sus cinco ministros a dimitir.

Un fatal paso en falso. Los ministros dimitieron en bloque, pero a los pocos minutos comenzaron los dimes y diretes de los propios titulares dimisionarios, que dijeron abiertamente no estar de acuerdo con la orden de su líder, que tacharon de "irresponsable".

Alfano, su mano derecha, tomó las riendas del partido de Berlusconi, el Pueblo de la Libertad (PDL), y ayer, mano a mano con Letta, se pasó al "enemigo".

El triunfo de Letta significa el principio del fin de la vida política de Berlusconi, perdido en sus propias contradicciones y con una fractura de su hasta ahora compacto partido, difícil de reconstruir y reconducir.

Su expulsión del Senado significaría además que no puede presentarse a unas elecciones durante los próximos seis años si finalmente se termina aplicando la llamada "ley Severino" del Ejecutivo de Mario Monti, aprobada en diciembre pasado.

Una expulsión que una vez dado el visto bueno de la comisión debe ser votada por todo el Senado. Después, el empresario, siempre si el Senado decide expulsarlo, deberá elegir entre arresto domiciliario de un año o labores sociales.

Agencia EFE

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