2 de diciembre 2010 - 00:25

Tercera ola de cables de EE.UU. suma y “ensucia” a más políticos

Apabullante ayer la catarata de documentos sobre la Argentina que dio a conocer la organización WikiLeaks. Ya son cerca de una veintena que ilustran sobre la percepción que tienen los diplomáticos de los EE.UU. sobre el Gobierno, los políticos, empresarios, sindicalistas y banqueros. Los argentinos leen con fruición estos informes porque sacia el clásico interés por el «cómo nos ven» desde afuera. Nada de lo que se dice supera el nivel del comentario chismoso, la infidencia o la construcción sincera de retratos de personas hechos sin otro fundamento que lo que se lee en los diarios, lo que informan amigos de la embajada o lo que éstos escuchan en cenas y otros géneros de la gastronomía. Se siguen enterrando con su lengua, cual almejas, algunos allegados el kirchnerismo como Sergio Massa. Abunda la construcción de escenarios que han perdido interés por el paso del tiempo, pero que como conclusión afirman la novedad de este paquete: que el Gobierno argentino es, según Washington, el mejor amigo que tiene en la región.

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Solitario, herido por un informe que traza un perfil hipercrítico de su figura, Aníbal Fernández rompió el silencio K: consideró una «estupidez» los cables reservados y acusar de «mamarracho» a Tom Kelly, el diplomático de EE.UU. autor de su «biopic» secreta.

Fernández engordó ayer, en el tercer día de difusión, el staff de funcionarios y dirigentes citados en esos documentos. No fue el único: Julio De Vido, Florencio Randazzo y el jefe de la SIDE, Héctor Icazuriaga, también debutaron en el WikiLeaks criollo.

Sin embargo, protagonista indeseado del cable 1.017 del 9 de septiembre de 2009, el jefe de Gabinete es la figura más golpeada. Se le atribuyen sospechas de corrupción, vínculos con el narcotráfico, y se recuerda un episodio judicial cuando fue intendente de Quilmes.

Así y todo, Kelly cierra su informe con la admisión de que esas versiones carecen de pruebas -»no hard evidence» reporta- y, acto seguido, recomienda, sobre la base de que es «accesible» y el más «pro americano» de los ministros de Cristina de Kirchner, «trabajar con él».

El capítulo local, que al principio se concentró en el matrimonio Kirchner -con perfiles e interrogantes sobre sus modos y estilos-, empezó a expandir sus fronteras para incorporar a ministros, economistas y referentes de la oposición.

En los 19 telegramas emitidos desde Buenos Aires -seis, secretos- desfilan De Vido, Randazzo, Icazuriaga, Amado Boudou, Daniel Scioli, Julio Alak, Hugo Moyano y Francisco de Narváez que se suman a Sergio Massa, Alberto Fernández y Jorge Taiana, mencionados en textos conocidos el lunes y el martes.

La mayoría, sin embargo, aparece citada por terceros o, como en el caso de Aníbal F., en documentos elaborados, sin fuentes, por la embajada. La excepción son Massa y Alberto Fernández, cuyos dichos son producto de encuentros personales con Kelly. Éste abandonó, días atrás, la Argentina.

Oportuno, el encargado de negocios de la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires cambió su destino diplomático horas antes de que se desate el escándalo WikiLeaks.

El diplomático, que estuvo a cargo de la sede local durante la transición entre la salida de Anthony Wayne y la llegada de Vilma Socorro Martínez, fue -en lo que trascendió hasta ahora- un redactor prolífico de informes sobre la situación política.

Cuatro de los 19 cables llevan su firma y son de los más explícitos. En el caso del «perfil» sobre Aníbal F. también menciona, al pasar, a Randazzo y a Icazuriaga como artífices de un operativo para sumar votantes pro Gobierno en la provincia de Buenos Aires.

El contenido de ese informe fue repudiado por el jefe de Gabinete. «Es un problema del Gobierno de los Estados Unidos. Yo no estoy dispuesto a darle entidad a tal estupidez», dijo, pero respondió temas puntuales.

Sobre los vínculos con el narcotráfico que menciona Kelly, afirmó que mientras fue ministro de Justicia, fue el único Gobierno que «detuvo a bandas de narcotraficantes». El diplomático de EE.UU. explora en su texto una antigua interna K al invocar fuentes del Sedronar de José Granero.

Negó, además, la imputación de montar un sistema de inteligencia paralelo para espiar a empresarios, periodistas y políticos. «Es una estupidez. ¿Qué ventaja saca uno con eso? ¿Qué es lo estratégico que la va a sacar al candidato?», afirmó.

Y completó: «Me siento más defraudado si Kelly escribió eso. Si es así, me parece un mamarracho e indicaría que su carrera se está yendo al tacho de la basura».

Anoche, en Casa Rosada, no se hablaba de otra cosa. Pero salvo Fernández -y una referencia de Amado Boudou, el martes, en TV-, se mantenía el mandato presidencial de no hacer menciones públicas.

En simultáneo, se esperaba un descargo, de «primer nivel», por parte del Gobierno de Barack Obama. Ayer, por la tarde, trascendió la posibilidad de una comunicación entre la Presidente y Hillary Clinton.

Había, más allá de la indicación de silencio, otra razón para el mutismo: se desconoce el contenido de los cables por trascender, ante lo cual la desmentida de hoy podría perder toda validez mañana. Lo vivió Sergio Massa: tras cada desmentida, aparecieron cables más delicados.

El ex jefe de Gabinete comparte con Alberto Fernández otro texto de Kelly, en teoría surgido de conversaciones con ambos ex funcionarios.

Ambos coinciden -sus afirmaciones datan de fines de 2009- en que es imposible que un Kirchner sea reelecto en 2011. Massa es lapidario; cuando le preguntan si hay chances, responde: «Cero». Arriesga, además, que el próximo presidente sería Carlos Reutemann. Alberto F., en tanto, dice que será Julio Cobos.

A Massa Kelly le atribuye también decir que Daniel Scioli es víctima de «las garras» de Kirchner, por lo que no desafiaría al ex presidente. Al respecto, Alberto Fernández dice que el «momento político» del gobernador «ya pasó», aunque es un «buen tipo».

Scioli, de manera lateral, figura en otro cable: en éste se afirma que, cuando era candidato a gobernador, recibió la sugerencia de Aníbal Fernández para no incluir como tema central de su campaña la «lucha contra el narcotráfico», porque esos «crímenes nunca se resuelven».

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