El lunes arrancó con las blue chips retrocediendo (-0,27%), pero ganando rápidamente terreno, de manera que a mediodía el Dow avanzaba más del 0,79%. La falta de entusiasmo matinal la podemos vincular con los temores que generaba la demorada solución a la crisis griega, que hacían retroceder el 0,55% al euro arrastrando tras de sí a las principales Bolsas del viejo continente (Alemania, Francia e Inglaterra perdían más del 1% en promedio), con el oro, la plata y el dólar como refugio favorito para los más desconfiados. Sin ninguna noticia relevante que lo explicara, con la apertura del mercado norteamericano el que comenzó a debilitarse fue el dólar. Esto permitió que se recuperara el precio del petróleo (el valor del barril trepó finalmente un 0,06% a u$s 93,32), quitó presión sobre el oro (al final del día ganaba un 0,14%) y derivó en que a los quince minutos de sonar la campana de largada el Promedio Industrial pasase al lado ganador, apuntalando a las alicaídas Bolsas europeas (París quedó el 0,63% abajo, Londres perdió un 0,38% y Fráncfort apenas cedió el 0,19%; Atenas fue la estrellada, cayendo el 1,59%). Al mirar el NYSE con una lupa, eran los papeles del sector consumo, los industriales, los de la salud y los de telecomunicaciones -en ese orden- los que lideraban el movimiento alcista ganando más del 1%, mientras el gran ausente -en realidad, el gran ausente en lo que va de todo el año- era el sector financiero, que a duras penas se mostraba neutro. De ahí al cierre fue poco lo que ocurrió entre las cotizantes, y al sonar la campana final, el Dow reducía la mejora al 0,63%, estacionándose en 12.080,38 puntos. Es cierto que mirando lo ocurrido con los precios la jornada puede haber lucido alcista, pero el achique del volumen a un 75% de lo que venía siendo habitual en el año demuestra que las dudas (sea por Grecia o por cualquier otra cuestión) son lo que predomina.
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