Es cierto que de los tres grandes indicadores bursátiles el único que cerró en baja fue el Dow -retrocedió un 0,11% a 11.113,95 puntos- y que el Nasdaq y el S&P 500 avanzaron poco más del 0,11%. Pero antes de sugerir que se trató de una jornada ganadora, es bueno considerar que el Russell 2000 retrocedió un 0,45%, por lo cual lo más correcto es apuntar a que se trató de una jornada neutra o de tablas. Con las elecciones de medio término en tiempo de descuento y la reunión de la Fed finalizando 24 horas más adelante podría pensarse que el mercado entró en un clásico wait and see, pero los poco más de 1.000 millones de papeles negociados hablan de una jornada casi normal. El otro factor que conspira contra esta idea es que resulta fácil achacar la baja entre lo más granado de las cotizantes al balance de 3M (la empresa redujo su proyección de ganancias para este año) y al malhumor en torno a Halliburton (parece que se equivocó con la recomendación de cemento para tapar el último gran derrame del Golfo) y Caterpillar. En cuanto a esta última, se trata de una de las mayores exportadoras del país. Los vaivenes de esta última están directamente atados al futuro del dólar. Esto puede parecer curioso cuando el dólar perdió ayer un 1,1% de su valor frente a las principales monedas y esto se vinculó con el 0,25% que ganaron en promedio los commodities. Pero si vemos que mientras el oro trepó un 1,5% para quedar en u$s 1.342,1 por onza, el precio del petróleo apenas sumó dos centavos cerrando en u$s 81,18 por barril, es claro que algo de desconfianza hubo sobre el sector monetario. En el rubro de los bonos tuvimos algo parecido a un ajuste tras el golpe del miércoles, con un corrimiento hacia los plazos más largos que hizo retroceder la tasa de 10 años al 2,659% anual y la mejor recepción de la semana para una licitación de treasuries. El wait and see brilla por su ausencia.
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