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“Tocar con distintos artistas hace que la música siga viva”
Poco conocido en nuestro país, el nombre del pianista argentino José Gallardo resuena con fuerza en Europa, donde está radicado desde los 18 años, y ha tocado ya con figuras de la talla de Gidon Kremer o Joshua Bell.
Periodista: ¿Por qué no ha vuelto a tocar a Argentina?
José Gallardo: Perdí contacto con casi todas las instituciones y personas con las que yo tenía relación hace veinticinco años. Cuando voy a Argentina es por razones personales, pero lamento mucho no poder tocar en mi país.
P.;: ¿Cuándo y cómo llega a Alemania?
J.G.: Había estudiado cuando era muy chico con una profesora de niños del Conservatorio Williams, fue una base muy importante de mi educación. Estudié en el Nacional y privadamente hasta que me fui. En el Centro de Estudios Pianísiticos de María Rosa Oubiña de Castro, alias «Cucucha», fui a muchas cosas que ella organizaba, y en un curso conocí a una pianista austriaca llamada Poldi Mildner, que me invitó a Alemania, donde enseñaba, y me transferí cuando tenía 18 años.
P.: ¿Y de ahí en más?
J.G.: Tuve mucha suerte en Alemania y en Europa. Conocí a gente increíble y de a poco me fui haciendo un nombre. Enseño en Augsburg, donde nació Leopold Mozart. Grabé varios discos y colaboré con artistas como Gidon Kremer, con quien toqué Bartok, Ivry Gitlis o Joshua Bell.
P.: ¿Cómo llegó a orientarse más a la música de cámara?
J.G.: Es algo que ya había empezado a hacer desde que estaba en Argentina, con Alberto Lysy o con amigos y colegas, era una forma de salir de la soledad del pianista. Siempre me sentí «en casa» con la música de cámara.
P.: ¿Se necesitan condiciones especiales para ello?
J.G.: Sí, aunque es un poco algo que se aprende a medida que uno lo hace. Cuando escucho a alguien, por más que no lo conozca puedo darme cuenta inmediatamente de si es «camarístico» o no, son miles de antenas que uno desarrolla en ese sentido. Hay gente, muy pocos, que pueden escuchar perfectamente todo lo que pasa a su alrededor. Es importante toda la música, aunque uno no se especialice en música de cámara es fundamental tener una cultura general amplia: un pianista que toque un concierto de Beethoven y no haya escuchado sus últimos cuartetos, o la ópera en el caso de Mozart, no va a lograr buenos resultados.
P.: ¿Qué aprendió con estos grandes músicos con los que colaboró?
J.G.: Con cada uno es un mundo diferente. Kremer por ejemplo es un perfeccionista total. No le importa ensayar 10 horas, conoce la parte de piano perfectamente, se pule constantemente y nunca en los ensayos se pasa una obra de principio a fin sin interrupción. Por ejemplo cuando íbamos a tocar la segunda sonata de Bartok, antes de salir al escenario me dijo algo como «No estés nervioso, porque lo que vamos a decir lo diremos honestamente». Gente como él, o como un gran cellista húngaro, Mikhlos Perenyi, o Gitlis, siempre están abiertos a otra opinión. A veces me preguntaban «¿Te parece que haga esto así?». Y todos tienen una mentalidad puesta al servicio de la música, lo cual contrasta con
la actitud de gente más joven que a veces dice «Esto lo toco así y no de otra manera», aunque también me tocó trabajar con gente de las nuevas generaciones con mucho amor a la música.
P.: ¿Piensa que en cuanto a la formación en música de cámara hay diferencias entre Europa y Argentina?
J.G.: Recuerdo cuando estuvo el Trío Beaux Arts en Buenos Aires, con Menahem Pressler en piano, mucha gente comentaba «Sí, pero el pianista también es solista». No sé cómo será ahora, pero a veces existe el prejuicio -no sólo en Argentina- de que el que se dedica a la música de cámara lo hace porque es menos dotado, y no es así en absoluto en lo técnico ni en lo musical. No se puede comparar la dificultad entre ambos repertorios. Aquí en Europa no es así para nada, desde el Conservatorio hasta la vida profesional, y lo demuestra el hecho de que grandes músicos que hacen carreras como solistas se juntan a hacer música de cámara. Me apasiona porque la veo como un desafío constante que a uno lo ayuda a desarrollarse, por ejemplo cuando hay que tocar con poco tiempo de diferencia la misma obra con artistas que tienen visiones distintas. Es lo que hace que la música siga viva.
Entrevista de Margarita Pollini


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