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Todo fue según lo esperado

Y que los mercados no puedan quebrar casi nunca el alto grado de previsibilidad que contienen, en cuanto a anticipar el camino descendente, es uno de los rasgos que transforman la adrena-lina en algo peor: resignación.
Porque la caravana en todas partes, de operadores yendo a la apertura de los recintos bursátiles, debe tener connotaciones con columnas de condenados que van camino al calvario. Y con la seguridad de que el verdugo estará puntual acudiendo a la ceremonia... como casi siempre.
Así, la rueda internacional de la reapertura semanal no contuvo ningún tipo de condimento inesperado: todos debían arrancar en baja. Y todos, prácticamente, terminaron bajando nuevamente.
Solamente quedaba como incógnita reconocer la graduación del descenso en los índices, que -al menos para Wall Street y nuestra región- se consignó en el orden cercano al 1 por ciento, hacia arriba. Mientras diversos «profetas» de la crisis proseguían arrojando malas ondas, acerca de la economía norteamericana, el Dow Jones se bamboleó hasta dejar el 1,21 por ciento de rebaja. El Bovespa lo tradujo con el 1 por ciento. Y para el Merval completo, la diferencia se estableció en un 1,28 por ciento. Pero, en el repaso de las locales, la cuestión lució bastante peor: con 2,3 por ciento de retroceso.
Solamente «10» papeles con aumentos; el mayor, Molinos Río con un 3,7 por ciento, contra «38» que se fueron hacia abajo. Y la novedad de nuestra plaza resultó otra contracción del volumen en acciones que solamente
recogió 21 millones de pesos, resaltando aquí la propia reducción en Tenaris y que sólo trabajó con 257.000 títulos. Escenario que mantiene el mismo frente tormentoso y hace llover en los índices.
La Bolsa, con goteras.


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