20 de septiembre 2010 - 00:00

Tras chispazos, programan otra cumbre del PJ anti-K

A diez días de la trabajosa reunión de los cuatro precandidatos presidenciales en el encuentro del Peronismo Federal del 10 de setiembre, el espacio -o algunos de sus referentes- comenzó este fin de semana a tender nexos en busca de un nuevo encuentro.

A los chispazos previos a aquella cita se les sumaron, la semana pasada, otros capítulos críticos, de menor trascendencia, pero que reflejan, de todos modos, el nivel de tensión que existe dentro de ese colectivo de caciques y caciquejas del peronismo disidente.

Dos cortocircuitos volvieron a mostrar las diferencias. Uno tuvo como epicentro a Daniel Scioli y tuvo como actores a Felipe Solá y a Eduardo Duhalde. El ex presidente salió a elogiar al gobernador y habló de la posibilidad de sumarlo al frente díscolo.

Solá, en cambio, que acumula broncas contra Scioli, pidió que no se recurra al bonaerense como una esperanza para fortalecer al Peronismo Federal. Fue otro -uno más- de los puntos de disonancia entre el ex gobernador y el ex presidente interino, que se han vuelto duelistas recurrentes.

El otro punto de tensión fue una frase de Alberto Rodríguez Saá, el gobernador de San Luis y uno de los cuatro aspirantes a pelear por el casillero de candidato presidencial del Peronismo Federal.

Rodríguez Saá afirmó que los competidores de la interna disidente van a ser él y Duhalde, y auguró que Solá y Mario Das Neves se bajarán, o se caerán, de la carrera antes de llegar a la primaria de agosto próximo.

Más allá de la bravuconada del puntano, explicable desde la estrategia de instalación, esos dichos perforan el frágil acuerdo que se había sellado durante la cena en la casa de Francisco de Narváez, donde el anfitrión, Das Neves, Rodríguez Saá y Solá habían acordado acciones conjuntas para aislar al caudillo de Lomas de Zamora.

Con el paso de los días, el puntano no hizo otra cosa que darle a Duhalde la entidad de candidato inevitable del Peronismo Federal al plantear que será, junto a él, el que llegará al último tramo de la disputa dentro del peronismo anti-K previo a la presidencial.

En medio de esos tironeos, mientras cada candidato hace campaña por donde y como puede, y a la espera de la reunión de los martes de las segundas líneas, se empezó a hablar de un nuevo encuentro de los cuatro precandidatos o, al menos, de contactos bilaterales entre algunos de ellos.

Esta semana, por ejemplo, podrían reunirse Duhalde con Das Neves como parte del circuito del chubutense de tener actividades en Buenos Aires y en el interior con cada uno de los demás referentes del espacio.

En tanto, De Narváez sigue con sus giras semanales y la próxima semana haría otra recorrida por el conurbano con alguno de los candidatos presidenciales. Tiene su propio objetivo: transmitir, hacia los votantes y hacia sus propios dirigentes, la idea de que terminó de definir como destino de competencia electoral la gobernación bonaerense.

El diputado coquetea, en su zigzag, con su «identidad» peronista y por eso durante el fin de semana se abalanzó sobre Hugo Moyano, figura a la que criticar depara ventajas en la opinión pública, aunque, al mismo tiempo, genera temores por una eventual reacción del camionero.

Hasta ahora, Pablo Bruera ha sido unos de los pocos que castigaron con dureza públicamente al camionero. De Narváez decodificó ese proceso y usó una referencia nada simpática cuando comparó a Moyano con Herminio Iglesias. Busca, de algún modo, generar empatía con los dirigentes del PJ que ven al camionero como un enemigo al frente del peronismo de Buenos Aires.

Sin embargo, De Narváez sigue firme en su postura crítica en torno a Duhalde más allá de que desde el Peronismo Federal busquen una cumbre para unir, de nuevo a los cuatro, como señal de que aun cruzado por matices, el espacio sigue activo y puede consolidarse como polo de poder que desafíe a Kirchner.

Eso se volvió una necesidad mayor en las últimas horas cuando surgió, dentro del peronismo oficial, un bloque que reniega de Kirchner y podría irrumpir como anticuerpo del ex presidente dentro del propio kirchnerismo.