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Traspié: Moreno pierde el “salvataje” al campo
Guillermo Moreno, atento ayer en Olivos, cuando escuchaba los anuncios de la Presidente.
El nombre de Moreno apareció ayer en la Casa Rosada y Olivos en boca de todos. Su mecanismo de asistencia discrecional a los productores que, en el sudoeste bonaerense, aparecen afectados por una sequía histórica, detonó una queja múltiple e, incluso, polipartidaria.
De Daniel Scioli hasta el último intentende del sur bonaerense, pasando por Florencio Randazzo y Sergio Massa, además de las entidades agropecuarias, aparecieron unificados en el reclamo al método Moreno para entregar, con criterio propio, ese salvataje.
Al atardecer, mientras los camioneros que llegaban a Puán -el distrito de la discordia- treparan a casi ochenta, con el traslado de casi dos mil toneladas de molienda para entregar a los productores, Moreno perdió la pulseada y tuvo que apartarse de esa tarea.
No es habitual: desde que irrumpió en la constelación kirchnerista, Moreno ha tenido una eficacia casi perfecta en sus luchas internas. Sobrevivió, por caso, a Alberto Fernández cuando el porteño era el alfil del matrimonio; también, ahora, a Sergio Massa.
Sin embargo, ayer tuvo que recular. La lluvia de quejas que llegaron al Gobierno, y que colectaron por separado Massa y Randazzo, forzó la determinación de los Kirchner para apartar a Moreno del reparto «clientelar» del auxilio para los chacareros bonaerenses.
El grito de Puán, que encarnó el intendente del distrito, el vecinanista Horario López se extendió al resto de la región, rebotó en el despacho de Scioli y llegó, con redobles, a la Casa Rosada, como antesala obvia y previsible, al centro de las decisiones. Olivos.
Por eso Cristina de Kirchner prometió ayer que la asistencia la distribuirán los intendentes, mientras que la escala propia se hará desde la Secretaría de Agricultura de Carlos Cheppi sobre la base a de informe que elevó Emilio Monzó, ministro de Asuntos Agrarios de Scioli.
El texto justifica la categoría de «desastre» que rige para los 12 distritos del sudoeste bonaerense, donde de un mínimo histórico de 900 milímetros al año, en 2008 la lluvia llegó apenas a 600. Según los registros, es la sequía más grave de los últimos 41 años.
Laderos
La magia modesta -figura que acuñó Bioy Casares- de Moreno para reunir en su contra a sectores diversos de un kirchnerismo en constante riña e, incluso, juntar a esos con sus «detestadas» entidades agropecuarias, explica menos su derrota que sus pactos recientes.
Como su «puntero» en la pequeña localidad de Villa Iris -ubicada en el partido de Puán- adonde comenzó a llegar la asistencia especial de Moreno fue (o era) Juan Manuel Garciarena, un productor rural, dedicado a la cría de ganados, en la cabaña Santa Paula.
Garciarena, a quien se le atribuye una activa militancia anti-K durante el conflicto del campo, aparece en el radar de Moreno a través de un interlocutor todavía más llamativo: Analía Quiroga, que irrumpió en el escenario mediático cuando dijo que Néstor Kirchner caería de «materia gris».
Quiroga fue vice tercera de Carbap, entidad que tributa a Confederaciónes Rurales Argentinas (CRA), y con el tiempo se convirtió en una figura de consulta y diálogo frecuente con Moreno, quien la imaginó como una aliada para quebrar el frente chacarero.
Quiroga conoce la zona: tiene un campo de algo más de 400 hectáreas en Pellegrini, en el oeste bonaerenses, y por la cercanía territorial y la militancia rural, se vinculó con Garciarena. Fue ella, se dice en Gobierno, quien acercó a Moreno con el ganadero de Villa Iris que llegó a oficiar como vocero al anticipar que llegarían a la zona unas 15 mil toneladas de maíz.
Ayer ese triángulo mágico se desdibujó. Si se cumple la promesa presidenical, el sendero Moreno-Quiroga-Garciarena se quedará sin el manejo de la asistencia para darle lugar a un mecanismo habitual: la distribución a través de los intendentes.


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