28 de agosto 2017 - 00:00

Trump y el viejo truco de la reforma tributaria para zafar

Un temario renovado será bienvenido en Wall Street. A fines de septiembre, habría algo elaborado.

Atención. Después de Corea del Norte, Charlottesville, sacudir a Venezuela y, también, al biodiésel argentino, se viene "la mayor baja de impuestos de la historia" según el presidente Trump dixit el pasado 9 de febrero y a fines de abril (y antes, profusamente, en campaña). Con precisión, lo que se viene es un nuevo anuncio. Si la tercera no fue la vencida, ¿lo será la cuarta? Este miércoles, desde Missouri, Trump señalará la urgencia de avanzar por el camino de la poda de tributos y dará inicio a un "tour" que lo llevará por pueblos y ciudades flameando una bandera pacificadora, que incluye la repatriación de ganancias en el exterior, como discurso principal. Más colesterol, pero del bueno. O, en otras palabras, el viejo truco de mostrar el juguete preferido de los contribuyentes, y así salir de un mal trance. Se sabe que Wall Street siente especial debilidad por el tema, y compra lo que le prometan.

En abril, el presidente se descolgó con una iniciativa que cabía en una página -la servilleta impositiva- ciertamente corta en detalles como para alterar a fondo un régimen que abarca no menos de 70 mil folios. Sin embargo, el ardid funcionó. Basta repasar la reacción del S&P 500 tras la maniobra. Un mayo vibrante, plagado de récords, arrasó con todo prurito asociado a la maldición del Sell in May. Por supuesto, si la reforma hubiera procedido, no sería pertinente volver a anunciarla. Allí anida un punto flojo. Aunque a la par demuestra que no hay mal que por bien no venga.

¿Dará a conocer Trump esta vez algo más que un simple boceto? Sería deseable, es improbable La administración es una caja de sorpresas, pero los proyectos terminados llave en mano no figuran entre ellas. Lo que Washington enfatiza es que le dará prioridad a la agenda impositiva en detrimento de la reforma de salud, que fue el caballito de batalla de una sucesión de trifulcas que nunca logró franquear el pasaje por el Congreso.

Agosto es un mes para el olvido. Un temario renovado será bienvenido en Wall Street. Entre los silencios de Janet Yellen y Mario Draghi, titulares de la Fedy el BCE, respectivamente, que prefirieron no hablar de política monetaria en Jackson Hole, y los rumores sobre la reforma tributaria, la Bolsa pudo cerrar su mejor semana en un mes, lo cual no es mucho decir pero resulta auspicioso. Después de todo, el bajón era cantado tras el éxito extraordinario de la temporada de balances. A Wall Street no le entraron las balas por los embrollos de Corea del Norte, Charlottesville y el grotesco que condujo al despido del estratega Steve Bannon, pero sí lo rozaron las esquirlas peligrosamente. Cerrar ese capítulo escabroso y abrir otro, cualquier otro, será una ventaja. El S&P500 se ubica apenas un 1,5% por debajo de los récords absolutos, y tampoco precisa que lo incentiven demasiado. Alcanzará con el cese de hostilidades y, en especial, con el convencimiento de que Gary Cohn, el consejero económico de Trump, se quedará en el Gobierno (junto con el secretario del Tesoro, Mnuchin) como para mantener un mínimo equipo profesional por lo que pudiera hacer falta en Washington.

Plan concreto de reforma no va a haber, porque no existe. La Casa Blanca adhiere a ciertos principios generales. Los detalles surgirán del trabajo en los comités respectivos de ambas Cámaras del Congreso. A fines de septiembre, se dice, saldrá a luz un corpus susceptible de ser presentado a votación. Para esa misma fecha, además, habrá que conseguir la vía libre de los legisladores para correr el límite máximo de la deuda pública. Tampoco será sencillo. El escepticismo cunde, y se refleja en el pico de rendimientos que muestran las Letras del Tesoro que vencen en septiembre/octubre, pero Mnuchin dijo el viernes que ya tiene apalabrado el apoyo necesario y que no se llegará al extremo de un shutdown. Jamás un funcionario diría otra cosa, desde ya, pero Wall Street, el viernes, volvió a manifestar su tenaz disposición a creer.