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Twist sin gritos: la Fed inyecta y Europa medita
En realidad, la versión original del twist financiero data, como su nombre lo sugiere, de comienzos de los años 60. La idea es la de «torcer» la pendiente de la curva de rendimientos de los títulos del Tesoro. El Banco Central cambia la composición de plazos de su cartera: vende títulos cortos y los canjea por bonos de largo plazo, con efecto neutro en la cantidad de dinero. Las tasas cortas deberían subir y, las largas, reducirse. Ese es el «twist» de referencia. La pendiente más plana de la curva de tasas debería inducir, dice el manual, la toma de riesgos. Consultado ayer Ben Bernanke, en la conferencia de prensa posterior a la reunión del banco central, recitó el mismo argumento. ¿Por qué debiera ser así? No opera un estímulo monetario. El impacto cuantitativo es cero. Los pasivos de la Fed no aumentan. ¿Es, meramente, un placebo? La tentación rápida sería contestar que sí. Pero no es la respuesta correcta. Lo que cambia es el stock de riesgo de duración colocado en cabeza de los mercados. Al comprar títulos de largo plazo -y canjearlos por papeles cortos- la Fed absorbe «duración». ¿Una sutileza? Cuando no hay riesgo de crédito en los bonos públicos, sí. ¿Quién pierde el sueño hoy en día por tener en su portafolio un pagaré a diez años del Tesoro de los EE.UU.? Basta mirar los rendimientos para darse cuenta: cada vez rinden menos; ayer el 1,65% anual.
Este análisis sirve para dos fines. Permite entender de qué se trata la operatoria. Y, a la par, ilustra sobre un camino que sosegaría las turbulencias de Europa. Si el twist lo bailara el BCE con los bonos españoles e italianos -canjeándolos por papeles cortos de ambos países en cartera-, bien otro sería el cantar. Pero, ya se comentó, el BCE, de momento, no dice esta boca es mía. Trabaja a reglamento: son los Gobiernos de la eurozona (con los fondos de rescate) los que tienen que reparar el entuerto.

