7 de septiembre 2012 - 00:00

UCR pacta unidad y fija regla “open mind” para alianza

Mario Meoni, Leopoldo Moreau, Gustavo Posse
Mario Meoni, Leopoldo Moreau, Gustavo Posse
Del kirchnerismo postural de Leopoldo Moreau al macrismo «de cercanías» de Mario Meoni: entre esos extremos zigzaguea la UCR bonaerense. Logró, sin embargo, abrochar un pacto de unidad que le permitirá sortear, sin urnas ni reproches, la interna pautada para octubre.

Durante martes y miércoles, en las oficinas del Comité Provincia, emisarios de las diversas tribus radicales de Buenos Aires definieron el esqueleto de una paz -siempre frágil- para, en esencia, evitar embretarse en otra sangrienta porfía partidaria.

Se hizo, en papel, el reparto de espacios y de equilibrios. Falta, todavía, poblar de nombres propios las listas, aunque los lugares más visibles están nominados: Alejandro Armendariz presidirá el Comité Provincia y Gustavo Posse será primer convencional nacional.

La tira corta -cuatro lugares- de delegados al Comité Nacional estaba anoche sometida a un vaivén: «a priori» estuvo destinada a Meoni, el intendente de Junín, pero podría ser ocupada por el diputado Juan Gobbi, que fue candidato a jefe partidario en la interna de junio que no fue.

Esa butaca estaba lacrada para Ricardo Alfonsín, pero, para facilitar un acuerdo, el excandidato a presidente la cedió. Aceptó, incluso, replegarse en el cuarto escalón de la lista detrás de Juan Manuel Casella y de una dama puesta por sus rivales internos.

Queda, en suspenso, un asunto: sobre la hora, el moroísmo representado por Ricardo Jano puso sobre la mesa el debate sobre cómo se integrará, el año que viene, la Convención provincial del partido. No están, todavía, electos los convencionales.

No hubo, en las charlas, definiciones. Cada delegado se fue a sondear el mandato: César Martucci por Meoni, Jesús Porrúa por Gobbi, Walter Carusso y Roberto Filpo por el possismo, un minipelotón alfonsinista encabezado por Miguel Bazze y, por sí mismo, Héctor «Cachi» Gutiérrez, que quedará segundo como convencional nacional detrás de Posse.

Más que la mesa de conducción, de nueve miembros, lo relevante pasa por la integración general -más de 200 convencionales-, porque es ese órgano el que define, antes de cada elección, el esquema de alianzas. Allí está, en definitiva, el elemento más sensible.

Ayer siguieron las charlas y continuarán hoy con la idea de dejar de deshojar la margarita para presentar, a principios de la semana, el pacto de unidad en sociedad junto con un documento que sienta una base sobre 2013.

Ese texto, ya bosquejado, es el lado B del acuerdo radical y, a su vez, lo que contribuyó a sellar el acuerdo para evitar la interna. Simple: en una especie de «open mind» ideológico, la UCR bonaerense planteará una apertura total en cuanto a posibles alianzas para el año próximo.

A diferencia de otras experiencias, aunque estará la hojarasca habitual sobre el perfil progresista del partido con sus vapores de centrismo a la europea, el borrador del documento no excluye ninguna posibilidad de alianza.

A pesar de cierto protocolo histórico que hermana a la UCR con los socialistas, lo que deriva en la hipotética empatía con el FAP de Hermes Binner, el criterio de amplitud del documento responde a que el radicalismo bonaerense ha explorado múltiples alternativas.

De hecho, en 2011, a instancia de Alfonsín, se selló un acuerdo con Francisco de Narváez. «¿Fuimos con el Colorado y no podemos negociar con Michetti?», interrogó, anteayer, un dirigente que cuerpeó para lograr que exista un marco amplio de posibles alianzas.

Hay tendencias. Meoni opera a través de Martucci, mano derecha de Daniel «el Tano» Angelici en Boca, la alternativa macrista, mientras que en el sector de Posse, donde hay algunos pro Macri, predomina el planteo de ir solos, sin alianzas, a la próxima legislativa.

Por su lado, el alfonsinismo y la cooperativa de la Quinta, representada por Gobbi y Porrúa, son filo-FAP. En esas profundidades hay que rastrear la hipótesis de proponerle al binnerismo definir los candidatos en común en la primaria general de agosto.

Moreau, en tanto, expresa la voz más prokirchnerista porque no teme mostrar, en público, sus coincidencias con el Gobierno de Cristina de Kirchner. De todos modos, entre todas las chances, una cercanía a los K figura en el último escalón de las posibilidades.

Pero Moreau tiene, de mínima, una misión: resistir cualquier posibilidad de acuerdo con Mauricio Macri. Por eso, más allá de mecánicas propias de la negociación, se explica que el exsenador quiera quedarse con la mayoría, siempre circunstancial, de la convención.

Ese último escollo -la numerología del 4 a 5; o 5 a 4- faltaba para anudar el acuerdo. Después, antes de fin de año, con el menú de «open mind», empezar a discutir más firme sobre posibles alianzas o la posición de competir sólo con la lista 3.

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