En el centro de Kiev, surgen varias muestras del empobrecimiento que trajo la crisis a los ucranianos. A decir verdad, es lo que se ve en la mayoría de los países del planeta.
Kiev - «Epizentr», uno de los mayores mercados de productos para la construcción de Kiev, está haciendo estos días un gran negocio pese a la grave crisis económica. Los clientes compran semillas y esquejes para las parcelas de sus casas de vacaciones. «Menos mal que por lo menos nos queda este pedazo de tierra. Ahora tenemos que autoabastecernos», dice Tatiana. La vendedora en una tienda de productos electrónicos recibe desde diciembre sólo la mitad de su sueldo, y además con retraso. Su marido está desempleado desde hace seis meses. El sueldo medio ucraniano ronda los u$s 170 al mes.
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Ucrania es, junto a Hungría y Serbia, el país más gravemente afectado por la crisis en Europa. La divisa nacional, la grivna, perdió desde octubre la mitad de su valor con respecto al dólar. El número oficial de desempleados supera el millón (de 2,6 millones de habitantes en la capital), mientras el PBI se contrajo el 25% en los dos primeros meses de 2009 en comparación con el mismo período del año pasado.
El Estado está al borde de la bancarrota y solicitó un segundo crédito ante el FMI de u$s 16.500 millones. El FMI ya le entregó u$s 4.500 millones en noviembre, la primera parte de un préstamo de emergencia de u$s 16.000 millones al país que debe ser pagado en los próximos 12 meses. En marzo, el Fondo se negó a entregar la segunda parte del préstamo, de u$s 4.000 millones, y señaló que era porque Kiev no logró implementar las reformas del sector bancario y otras estipuladas en el acuerdo de noviembre. Las disputas políticas internas están obstaculizando la concesión de los nuevos fondos.
El primer crédito fue vinculado a estrictas condiciones: reducir el déficit presupuestario de 2009 al 3% del PBI; recortar los sueldos de funcionarios públicos y reformas de la compañía estatal de gas Naftogas. Ceyla Pazarbasioglu, jefa de la misión del FMI en Ucrania, aseguró que sigue siendo difícil aprobar nuevos préstamos de ayuda, a pesar de los últimos intentos del Gobierno en implementar las reformas solicitadas. Menos de dos horas después de las declaraciones de Pazarbasioglu, el Gobierno anunció que introdujo un paquete de leyes de reforma económica que cumple todos los requerimientos del FMI.
Sin embargo, desde noviembre el Parlamento ofrece férrea resistencia a considerar estas reformas. La mayor fuerza opositora, el Partido de las Regiones, del ex jefe de Gobierno Viktor Yanukovich, bloqueó una y otra vez un acuerdo en el Parlamento. Pero también las constantes discusiones entre la primera ministra Julia Timoshenko y el presidente Viktor Yushchenko, los líderes de la revolución pacífica de 2004, dificultan compromisos en cuestiones políticas importantes.
Para enfado del Presidente, Timoshenko busca alianzas con la oposición en su contra. Así, por ejemplo, la primera ministra acordó con la oposición adelantar las elecciones presidenciales de enero de 2010 a 2009, en momentos en los que apenas se atribuyen a Yushchenko posibilidades de ser elegido por un segundo mandato. Sus valores en los sondeos se encuentran desde hace meses por debajo del 5%.
Los partidos del líder opositor Yanukovich y de la jefa de Gobierno Timoshenko negocian acerca de la posibilidad de que sea el Parlamento el que en el futuro elija al presidente. Para ello se tendría que llevar a cabo una reforma constitucional, para lo que sería necesario una mayoría de dos terceras partes, es decir, 300 escaños parlamentarios. El partido de Timoshenko y la oposición disponen juntos de 331 de los 450 asientos de la Cámara, mientras que también parte de los comunistas (27) y del bloque Litvin (20) podrían apoyar una reforma del sistema político.
En una demostración de fuerza, la oposición llevó a principios de abril por segunda vez consecutiva a miles de opositores a Kiev. Según el partido de Yanukovich, unas 50.000 personas protestaron en la Maidan Nezalezhnosti, la plaza de la Revolución Naranja, así como ante la sede del Gobierno.
La pareja de Kiev que visita el mercado de productos para la construcción afirma no tener tiempo ni comprensión para protestas así. «Nuestros políticos tendrían que concentrarse en gobernar y dejar a un lado sus disputas personales», dice Tatiana.
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