Ultimátum a Scioli: cargos o Sabbatella

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Se sentaron, en torno a una mesa cuadrada, en el Torcuato Tasso, intendentes, legisladores nacionales y dirigentes. No más de 30 que expresan, a grandes rasgos, la conducción de la Corriente Nacional de la Militancia (CNM) en su franquicia bonaerense.

La razón de la convocatoria, además de despejar recelos siempre pendientes, fue tratar de definir un esquema único para encarar el último tramo de la disputa bonaerense, sobre todo en lo referido a la confección de las listas del Frente para la Victoria (FpV).

Estaban Emilio Pérsico y Fernando «Chino» Navarro del Movimiento Evita; Edgardo Depetri y Oscar Laborde del Frente Transversal; Eduardo Sigal del Frente Grande; Gustavo Cardeza del PI, además de los diputados Mariano West, Adela Segarra y Luis Ilarregui.

También la pata territorial: los intendentes Francisco «Barba» Gutiérrez de Quilmes; Darío Díaz Pérez de Lanús; Graciela Rosso de Luján, y Mario Secco de Ensenada. Otra butaca la ocupaba un ministro sciolista: Mario Oporto, de Educación, con aspiración a vice bonaerense.

Relación intensa

Anidan, en ese armado, matices profundos sobre la relación con Daniel Scioli: un sector, expresado en particular por el Evita, tiene una relación intensa con el gobernador. Otros, como Depetri y Sigal, recién en el último tiempo establecieron alguna especie de vinculación con La Plata.

Pero esperan más: quieren que Scioli manifieste, de manera explícita, la voluntad de que ese bloque de grupos piqueteros, partidos de centroizquierda y jefes territoriales -algunos con pretensiones de «progres»- forme parte del dispositivo político y electoral de la provincial.

Pusieron, a la espera de una señal, una fecha: a principios de mayo, la CNM organizará un congreso de militantes, en lugar a definir, y el plazo hasta ese encuentro será el que le otorgarán a Scioli para que emita una señal clara y precisa sobre su deseo o no de incluir, en el armado provincial, a esos sectores.

En concreto, el amague de la CNM es que si el gobernador no contiene a esos sectores podrían optar por un acuerdo con Martín Sabbatella. Simplificado, el ultimátum es: o se esfuerza por contener a esos grupos o los empuja a un acuerdo con el diputado de Morón.

Es un debate repetido en La Corriente. Tuvo, en otros momentos, componentes más ideológicos: se expresó, por caso, cuando se desató la guerra fría entre Nilda Garré y Ricardo Casal. Por momentos, el Frente Grande salió a reclamar que Scioli ensamble su política de seguridad con la de Cristina de Kirchner. Entre algunos dirigentes se plantea, además, que hay mayor sintonía política con Sabbatella pero esa teoría se derrumba apenas se habla del esquema electoral: ¿qué intendente aceptaría ir con Nuevo Encuentro si enfrente se planta un candidato con la boleta oficial del FpV?

En otros casos, la idea de una colectora con Sabbatella, en el conurbano, puede ser un negocio electoral porque expresa al kirchnerismo sin el componente clásico del PJ.

Pero no hay posiciones uniformes. Oporto, de hecho, es ministro de Scioli y anteanoche, en su plan de instalación de su idea de entrar en la grilla de candidatos a vice, armó una cena donde se mostró con Alberto Pérez, el jefe de Gabinete bonaerense.

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