15 de junio 2009 - 00:00

Último envión de Kirchner se concentra en conurbano

Un exilio autoimpuesto: Néstor Kirchner abandonó el esquivo interior bonaerense. El patagónico, por prevención y estrategia, se encerró en el conurbano profundo y dejó que la campaña K extrafronteras quede en manos de Daniel Scioli y los intendentes.

En los once días que quedan de campaña, Kirchner concentrará su tiempo y su energía en colectar votos por el Gran Buenos Aires. Campana, donde manda el matrimonio Varela, será el distrito más alejado que visitará: este viernes combinará acto y caminata.

Forma parte de lo que, en la jerga, se llama cuarto cordón del conurbano: zonas urbanas con pincelazos rurales. Lo máximo que se anima a soportar Kirchner que, precavido, se resignó a no pisar el interior. Campana tiene una ventaja puntual: gobierna el peronismo.

Hasta la veda electoral, el patagónico mudado a Olivos inundó su agenda de actos y caminatas por el conurbano: Ituzaingó, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Escobar, Morón, La Matanza y San Miguel, municipio en el que estrenará esta semana salidas de sábado.

En Olivos, como una verdad incómoda, irrefutable e indecible, Kirchner asumió que debe excluirse de la campaña en el interior de la provincia donde, con excepción de Chivilcoy, Mar del Plata y Tres Arroyos, apenas si viajó en los últimos meses. Más activa fue su esposa.

En el búnker K, según precisó un dirigente que interviene en las sobremesas en la quinta presidencial, se entró en la etapa «defensiva»: la de reforzar el voto propio, vía Kirchner en el conurbano y vía Scioli y los intendentes, en el interior de la provincia.

En La Plata, donde afirman que la dupla Kirchner-Scioli remontó y quebró el techo del 20%, se obsesionan por un cálculo: la derrota en el interior, especulan, no debería ser por más de un 10% respecto de Francisco de Narváez. Si es mayor, el resultado se vuelve incierto.

En los cuarteles de Unión-PRO, en tanto, hacen sus propios pálpitos: el tracking diario que revisa De Narváez lo ubicó, la semana pasada, a la par del peronismo con Margarita Stolbizer muy lejos de la cima: apenas 15,8 contra los 33 de Kirchner y el empresario.

Cada cual maneja su propio pronóstico. Stolbizer y Ricardo Alfonsín alientan a sus militantes con un sondeo de Opinión Autenticada que otorga al Acuerdo Cívico el 23% de los votos, apenas unos puntos abajo de Unión-PRO. Un dato para tratar de romper la polarización.

Ardores

El mapeo de Kirchner, a su vez, aportó una sorpresa: la decisión del ex presidente de meterse en la campaña porteña junto a Carlos Heller, con quien se mostrará hoy (ver nota aparte), como parte de una táctica para orientar el voto de los sectores pro K hacia el banquero.

Fuera de agenda irrumpió, también, la inédita intensidad que ayer se apoderó de la quinta de Olivos y llegó con sus esquirlas, incluso, a Ginebra, Suiza, donde se encuentra Cristina de Kirchner para participar de la asamblea anual de la OIT (ver nota aparte).

Entre Ginebra y Olivos se programó una avalancha, en medio de la furia, para refutar una versión periodística sobre el supuesto -y desmentido por cuatro voceros K- adelantamiento de las elecciones presidenciales.

Detalle: formalmente, el PJ podría publicar en estos días una solicitada para responder esa hipótesis a la vez que pronunciar una serie de interpretaciones sobre por qué Clarín publicó esa versión. Anoche, Kirchner evaluaba con dirigentes del PJ y ministros esa alternativa.

Scioli, Florencio Randazzo, Sergio Massa y Aníbal Fernández, con matices y tonos diferentes, negaron cualquier adelantamiento. «Es absurdo», dijo el gobernador; es «un panfleto», dijo Fernández. «Es mentira», aportó el jefe de Gabinete. «Es un disparate y una falta de respeto», completó el coro Randazzo.

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