9 de octubre 2009 - 00:00

Un café que pudo impedir la guerra

Héctor Magnetto
Héctor Magnetto
Quinta de Olivos. Mediados de junio pasado. Néstor Kirchner desliza un pronóstico -mitad advertencia, mitad suplicio- para clausurar una extensa y áspera conversación con Héctor Magnetto, el CEO del Grupo Clarín. 

-Lo peor que les puede pasar a ustedes es que nosotros perdamos.

Lo dice, como si ofreciera un último atajo, antes del saludo de despedida. El augurio se cumplió en varias etapas: Kirchner perdió, el holding empezó a padecer al perder la televisación del fútbol y hoy, quizá de madrugada, se aprobaría la ley de medios K.

La frase, confesional y resignada del ex presidente, preanunciaba la derrota pero, sobre todo, la postderrota: vencedor, el Gobierno, podría encarar con menos estridencia, con algún resto, los dos años y medio de gestión que le quedan a Cristina de Kirchner.

Una trompada electoral, como la que se produjo el 28-J, les dejaba a los Kirchner dos opciones: resignarse a perder el poder por goteo o encarar una cruzada definitiva, a matar o morir, para recuperar protagonismo. Por naturaleza, el matrimonio eligió esto último.

Aquel día -según el relato mítico que difunden los íntimos del patagónico- Kirchner le anticipó a Magnetto la batalla que dos meses después inició contra Clarín. Ahora, desde los jardines de Olivos, dicen que el CEO no dimensionó el volumen de esas palabras.

A horas del Día D, para la Biblia kirchnerista algo así como una resurrección, relatan otro concepto que en el mano a mano, Kirchner precisó ante Magnetto respecto a que su mujer, Cristina de Kirchner, era partidaria de «no negociar» con Clarín.

Por eso, dicen, nunca se vio con los directivos del Grupo. Esa dualidad, siempre imprecisa entre él y ella, fue explicitada por Kirchner y sugiere que la abanderada de la guerra contra Clarín es Cristina de Kirchner y no su esposo que, mientras gobernó, prefirió negociar.

Esa mirada advierte, además, que la Presidente fue la promotora de dictamen que el COMFER, con la firma de Gabriel Mariotto, expidió contra la fusión de Cablevisión y Multicanal, y del desembarco K en Papel Prensa, relatado por este diario el 25 de setiembre y tuvo, en las últimas horas, un episodio escandaloso.

«No es Kirchner, es Cristina», juran en Casa Rosada ante las miradas desconfiadas y atribuyen a la dama haber abrazado la idea de Mariotto de tomar la televisación del fútbol, movida que plantean como el verdadero «golpe» a Clarín. Más, incluso, que la ley K que suponen extraviada en los Tribunales.

Nada, sin embargo, garantiza -es un análisis contrafáctico- que los Kirchner no hubiesen tomado el control del fútbol por TV e impulsado la reforma de la Ley de Radiodifusión si el 28-J el Gobierno lograba una victoria, siquiera en la provincia de Buenos Aires.

El micromundo K se regodea con otro supuesto: que hasta sus enemigos más acérrimos, con pocas salvedades, comparten íntimamente el avance sobre Clarín. Esa fue la teoría inicial del Gobierno que hasta creyó, por un instante, que Julio Cobos podría elípticamente avalar la ley.

El vice, sin embargo, abraza otra teoría: percibe -con el foco puesto en el 2011- a los Kirchner más temibles y peligrosos que a Clarín.

El matrimonio también otea aquella fecha. El rap oficial es obvio: menciona que un repunte de la economía -Kirchner apuesta, en privado, que en 2010 la actividad crecerá más del 3%- podría hacer renacer las posibilidades electorales de un Kirchner.

El clamor Néstor 2011, que brotó de algunas gargantas amigas, esconde una cláusula gatillo: que el patagónico se expondrá como potencial candidato para, sobre el final, dejarle ese lugar a su esposa Cristina. Públicamente, hoy ella está peor que él.

Sin embargo, rastreando espejos donde mirarse, se invoca la experiencias de Michelle Bachelet que entre el 2006 y el 2007 rozó niveles de popularidad desastrosos pero termina, en estos meses, su Gobierno con índices de imagen positiva superiores al 70%.

Detalle: Bachelet comenzó a remontar enancada, en parte, en el factor de que no sería reelecta. En un rapto de sinceridad, cerca del patagónico se asume que la foto actual no muestra a ninguno de los dos Kirchner que podría, hoy, aspirar a ganar la presidencial.

El «operativo señuelo» supone la crucifixión del ex presidente en beneficio de su mujer pero, más que eso, la permanencia de un rígido mecanismo de control político y financiero que le permita evitar fugas del peronismo, al menos de gobernadores e intendentes.

Un caso testigo: el chubutense Mario Das Neves, el único cacique PJ que hasta ahora desafió públicamente a los Kirchner, padece una «gobernación paralela» ejercida por Norberto Yahuar, su ex jefe de Gabinete, ahora subsecretario de Pesca de la Nación.

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